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El yoga se divide en dos corrientes o ramas. Una es
el denominado hatha yoga, orientada exclusivamente
a la disciplina del cuerpo, otorgándole todo
el bienestar que requiere, y el radscha yoga
(o yoga de la meditación), que busca
ejercitar el alma y la mente, abriéndole nuevos
horizontes para la percepción del mundo. En Occidente
el más difundido es el hatha yoga.
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El hatha yoga considera tres campos integrales
de desarrollo. El primero corresponde a los ejercicios
respiratorios, que ofrecen el medio para oxigenar el
cuerpo. El segundo, está dirigido a las llamadas
medidas higiénicas, donde se encuentra -entre
otras- la alimentación sana para estimular el
metabolismo. El último se refiere a los ejercicios
físicos, o posturas corporales, que sus practicantes
denominan asanas.
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Definitivamente, y aunque muchos lo duden, el yoga debe
ser una práctica guiada. No es recomendable que
las personas por sí solas ejerciten esta disciplina,
sobre todo si desean pasar al radscha yoga
(o yoga de la meditación).
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Paula
es una atractiva ejecutiva bancaria de 28 años. Un
día despertó tarde y tomó la decisión
de no ir más al gimnasio que la obligaba a levantarse
de madrugada. Era el único tiempo que podía
dedicar para mantener su cuerpo en forma. Su historia indica
que pagó durante muchos años varios gimnasios,
pero no siempre pudo asistir con regularidad. En resumen,
plata perdida.
Al
problema del horario puedo agregar que me cargaba la aeróbica
y el baile, por lo que mi actividad era casi nula, recuerda
con desagrado.
En
todo caso, seguía preocupada de su buen estado físico.
Estaba segura que el trabajo de todo el día la llevaría
-inevitablemente- a llegar a echarse a un sillón
o a la cama.
Con
esmero comenzó a buscar ayuda entre sus amistades.
Así llegó al mundo del yoga. Que, definitivamente,
me cambió la vida. Hace nueve meses que practico yoga
y puedo decir que me ha cambiado la vida. Voy cuatro o cinco
veces a la semana, me queda muy cerca de mi oficina y me ha
ayudado muchísimo. Vivo en bienestar, ¡cómo
te explico! Es una sensación muy, muy diferente.
A
modo de resumen puedo decir que el yoga me ayudó a
concentrarme y a apaciguar mis ansiedades, algo que se nota
bastante en la comida. Ahora tengo más conciencia de
lo que como. Lo hago cuando realmente tengo hambre. Por fin
le dije adiós a la gula que me tenía totalmente
dominada.
Gasto
casi 50 mil pesos mensuales, lo que no es barato, pero vale
la pena la inversión; además que uno está
protegiendo su bien más preciado: el cuerpo,
concluye la ejecutiva.
PARA
HOMBRES Y MUJERES
Claudio
Yáñez, ingeniero en computación, explica
que cuando comencé a pololear con mi actual señora,
la Claudia, me reí bastante por lo que me hablaba del
yoga. Yo le seguía la corriente porque la amo mucho.
Su actitud general era diferente y me enamoré de ella
porque irradiaba mucha tranquilidad.
Recuerda
que pasó el tiempo y me convenció a que
asistiera a sus clases. Ya me había comentado que había
hombres, pero mi impresión era que se trataba de hombres
finos o con tendencias femeninas. Grande fue mi sorpresa cuando
me encontré con padres de familia, ejecutivos y profesionales
de distintos ámbitos. Lo primero que me llamó
la atención es que hay una gran predisposición
por estar bien, muy diferente al gimnasio, donde uno termina
compitiendo con el musculoso de más allá o luciéndose
ante las mujeres. Sigo yendo al gimnasio, pero ahora lo complemento
con el yoga. Me siento cómodo y muy optimista.
Igual
opinión tiene Roberto Ángel, estudiante de Kinesiología.
Entré a este mundo del yoga por una curiosidad
profesional y ahora soy un promotor de su práctica.
Lo primero que deben entender los interesados es que se trata
de algo serio, porque no solo tiene que ver con lo físico,
sino también con la mente y el espíritu.
Soledad
(de 24 años), estudiante de Literatura de la Universidad
Católica, también se acercó al mundo
del yoga con muy buenos resultados. Partió gustándome
el lugar físico: todo de bambú, con música
oriental de fondo y donde hay que sacarse los zapatos al entrar.
Ahí hablé con un profesor que atendió
mis primeras inquietudes. Me dijo que comenzara con viniyoga,
que es un método que ejercita la respiración,
y Iyengar que implica posturas determinadas además
de respiración. El lugar donde se practica se llama
Yogashala.
Soledad
trata de practicar cuatro veces a la semana y lo hace por
más de una hora. Es increíble lo bien
que uno termina. Te inunda la felicidad y una paz que es difícil
de describir. A través de los ejercicios respiratorios,
se aprende a dominar la mente y los estados emocionales, a
tomar conciencia del cuerpo y los sentimientos y, lo más
importante, poder llegar a manejarlos a través de la
propia práctica consciente. Además, el profesor
es maravilloso. Nos enseña que nuestra mente es como
un volantín y nuestra respiración el hilo. A
través de la respiración (el hilo), manejamos
el movimiento de nuestra mente (el volantín). Para
mí el yoga es esperanzador en el dominio de mis angustias,
rabias, tristezas y también mi impulsividad.
El
yoga no sólo proporciona relajación y equilibrio
cuerpo/mente, también proporciona fortaleza muscular
y ayuda a mejorar la resistencia corporal. Además es
revitalizante y regenerador, elimina dolores de cabeza y sensibiliza
los sentidos. Eso sí, hay que cuidarse, porque -como
explica Soledad- existen riesgos. Para un principiante
que nunca ha hecho yoga le puede causar un aclimatamiento
difícil, que dura aproximadamente los tres primeros
meses de la práctica. En ese tiempo el cuerpo libera
toxinas y, por lo tanto, se pueden sufrir dolores de cuerpo,
jaquecas, mareos y cambios en el apetito. Después de
esa fase todo es agradable.
En
general, la experiencia del yoga encamina a las personas a
tener una visión distinta de la vida y del mundo. Algo
imprescindible en nuestros días y, especialmente, en
las grandes ciudades.
Marcela
Espejo Steffens
Estudiante quinto año de periodismo
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