23 de junio de 2002

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LOS SECRETOS DEL YOGA

La palabra yoga proviene del antiguo lenguaje culto de los brahmanes hindúes -el sánscrito-, definiéndola como “recoger el espíritu” o “concentrarse en sí mismo”. Su práctica es milenaria y se manifiesta con fuerza en nuestros días debido a la búsqueda de compensación para la vida estresada.


* El yoga se divide en dos corrientes o ramas. Una es el denominado “hatha yoga”, orientada exclusivamente a la disciplina del cuerpo, otorgándole todo el bienestar que requiere, y el “radscha yoga” (o “yoga de la meditación”), que busca ejercitar el alma y la mente, abriéndole nuevos horizontes para la percepción del mundo. En Occidente el más difundido es el “hatha yoga”.

* El “hatha yoga” considera tres campos integrales de desarrollo. El primero corresponde a los ejercicios respiratorios, que ofrecen el medio para oxigenar el cuerpo. El segundo, está dirigido a las llamadas medidas higiénicas, donde se encuentra -entre otras- la alimentación sana para estimular el metabolismo. El último se refiere a los ejercicios físicos, o posturas corporales, que sus practicantes denominan “asanas”.

* Definitivamente, y aunque muchos lo duden, el yoga debe ser una práctica guiada. No es recomendable que las personas por sí solas ejerciten esta disciplina, sobre todo si desean pasar al “radscha yoga” (o “yoga de la meditación”).

Paula es una atractiva ejecutiva bancaria de 28 años. Un día despertó tarde y tomó la decisión de no ir más al gimnasio que la obligaba a levantarse de madrugada. Era el único tiempo que podía dedicar para mantener su cuerpo en forma. Su historia indica que pagó durante muchos años varios gimnasios, pero no siempre pudo asistir con regularidad. En resumen, plata perdida.

“Al problema del horario puedo agregar que me cargaba la aeróbica y el baile, por lo que mi actividad era casi nula”, recuerda con desagrado.

En todo caso, seguía preocupada de su buen estado físico. Estaba segura que el trabajo de todo el día la llevaría -inevitablemente- a llegar a “echarse” a un sillón o a la cama.

Con esmero comenzó a buscar ayuda entre sus amistades. Así llegó al mundo del yoga. “Que, definitivamente, me cambió la vida. Hace nueve meses que practico yoga y puedo decir que me ha cambiado la vida. Voy cuatro o cinco veces a la semana, me queda muy cerca de mi oficina y me ha ayudado muchísimo. Vivo en bienestar, ¡cómo te explico! Es una sensación muy, muy diferente”.

“A modo de resumen puedo decir que el yoga me ayudó a concentrarme y a apaciguar mis ansiedades, algo que se nota bastante en la comida. Ahora tengo más conciencia de lo que como. Lo hago cuando realmente tengo hambre. Por fin le dije adiós a la gula que me tenía totalmente dominada”.

“Gasto casi 50 mil pesos mensuales, lo que no es barato, pero vale la pena la inversión; además que uno está protegiendo su bien más preciado: el cuerpo”, concluye la ejecutiva.

PARA HOMBRES Y MUJERES

Claudio Yáñez, ingeniero en computación, explica que “cuando comencé a pololear con mi actual señora, la Claudia, me reí bastante por lo que me hablaba del yoga. Yo le seguía la corriente porque la amo mucho. Su actitud general era diferente y me enamoré de ella porque irradiaba mucha tranquilidad”.

Recuerda que “pasó el tiempo y me convenció a que asistiera a sus clases. Ya me había comentado que había hombres, pero mi impresión era que se trataba de hombres finos o con tendencias femeninas. Grande fue mi sorpresa cuando me encontré con padres de familia, ejecutivos y profesionales de distintos ámbitos. Lo primero que me llamó la atención es que hay una gran predisposición por estar bien, muy diferente al gimnasio, donde uno termina compitiendo con el musculoso de más allá o luciéndose ante las mujeres. Sigo yendo al gimnasio, pero ahora lo complemento con el yoga. Me siento cómodo y muy optimista”.

Igual opinión tiene Roberto Ángel, estudiante de Kinesiología. “Entré a este mundo del yoga por una curiosidad profesional y ahora soy un promotor de su práctica. Lo primero que deben entender los interesados es que se trata de algo serio, porque no solo tiene que ver con lo físico, sino también con la mente y el espíritu”.

Soledad (de 24 años), estudiante de Literatura de la Universidad Católica, también se acercó al mundo del yoga con muy buenos resultados. “Partió gustándome el lugar físico: todo de bambú, con música oriental de fondo y donde hay que sacarse los zapatos al entrar. Ahí hablé con un profesor que atendió mis primeras inquietudes. Me dijo que comenzara con “viniyoga”, que es un método que ejercita la respiración, y “Iyengar” que implica posturas determinadas además de respiración. El lugar donde se practica se llama Yogashala”.

Soledad trata de practicar cuatro veces a la semana y lo hace por más de una hora. “Es increíble lo bien que uno termina. Te inunda la felicidad y una paz que es difícil de describir. A través de los ejercicios respiratorios, se aprende a dominar la mente y los estados emocionales, a tomar conciencia del cuerpo y los sentimientos y, lo más importante, poder llegar a manejarlos a través de la propia práctica consciente. Además, el profesor es maravilloso. Nos enseña que nuestra mente es como un volantín y nuestra respiración el hilo. A través de la respiración (el hilo), manejamos el movimiento de nuestra mente (el volantín). Para mí el yoga es esperanzador en el dominio de mis angustias, rabias, tristezas y también mi impulsividad”.

El yoga no sólo proporciona relajación y equilibrio cuerpo/mente, también proporciona fortaleza muscular y ayuda a mejorar la resistencia corporal. Además es revitalizante y regenerador, elimina dolores de cabeza y sensibiliza los sentidos. Eso sí, hay que cuidarse, porque -como explica Soledad- existen riesgos. “Para un principiante que nunca ha hecho yoga le puede causar un aclimatamiento difícil, que dura aproximadamente los tres primeros meses de la práctica. En ese tiempo el cuerpo libera toxinas y, por lo tanto, se pueden sufrir dolores de cuerpo, jaquecas, mareos y cambios en el apetito. Después de esa fase todo es agradable”.

En general, la experiencia del yoga encamina a las personas a tener una visión distinta de la vida y del mundo. Algo imprescindible en nuestros días y, especialmente, en las grandes ciudades.

Marcela Espejo Steffens
Estudiante quinto año de periodismo

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