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Para
responder vamos a recurrir a la explicación de un biólogo
peruano, Ernesto Bustamante, quien dice que un "clon"
es un organismo entero que proviene de una parte de otro y
que, al mismo tiempo, se convierte en su copia idéntica.
Y hay muchos: los injertos de mandarinas en un "pie"
rústico son clones elegidos por los agricultores por
sus buenas características, y que se perpetúan
sin tener que sembrar semillas. Las semillas suelen ser el
resultado de la unión de gametos o células sexuales
y que se combinen genes de dos individuos. Esta mezcolanza
no siempre es conveniente: si uno siembra una pepa de mandarina
puede que el arbusto resultante no dé mandarinas. Pero
si uno injerta una rama de mandarina sobre un tronco de cualquier
otro cítrico, la rama seguramente producirá
a la larga mandarinas.
Los
clones animales son mucho más complicados de producir,
y son raros en la naturaleza. A diferencia de las plantas,
los animales superiores, como los humanos, tenemos un sistema
inmune que rechaza los injertos, y por esto es tan difícil
que un órgano trasplantado "pegue" sin problemas
para el recipiente. Tampoco podemos sacar células de
un mamífero adulto y cultivarlas hasta clonar el animal
de procedencia, como si se tratara de una planta.
Aunque
los biólogos saben que hay especies de lagartijas y
peces que se reproducen por clonación, o más
exactamente por "partenogénesis" (sin intervención
de machos), los humanos vivíamos tranquilos pensando
que los mamíferos superiores y nosotros mismos no éramos
clonables. Por esto causó un impacto tremendo el anuncio
de la clonación de una oveja en Escocia: un núcleo
de célula de glándula mamaria ovina "pegó"
en un óvulo al que se le extirpó su propio núcleo,
y así vino al mundo Dolly, la verdadera "madre
del cordero" como dirían los españoles.
La
ética hecho semejante, pues planteaba que los animales
-todos los animales- eran seres inferiores al ser humano,
y concluía que todo lo que les hagamos a los animales
en nombre de la ciencia ("conejillos de Indias"),
la economía (la industria lechera), la diversión
(corridas de toros) o la cocina (mataderos de ganado, granjas
avícolas) estaba bien hecho por tratarse de seres inferiores.
Imaginémos
las posibilidades: ¿A quién no le agradaría
la idea de volver a vivir luego de morir, al lograr que se
preserven algunas células de su cuerpo de las cuales
se pueda extraer el material para que nazca una copia idéntica
del difunto? ¿A quién no le va a convenir tener
una copia idéntica de uno mismo con la cual intercambiar
órganos en caso necesario, sin temor al rechazo? ¿A
qué compañía de "software"
no le gustaría contar con diez Bill Gates para desarrollar
sus programas? ¿A qué club de fútbol
no le gustaría una oncena en que todos los jugadores
fueran copias de Pelé?
Dejando
a un lado la ética, hay un punto que debe ser
perfeccionado para que un clon sea una verdadera copia de
uno mismo: La tecnología disponible hoy en día
consiste en introducir un núcleo del donante (el organismo
que ha de ser clonado) dentro de un óvulo "vacío".
Sin embargo, debería resaltarse el hecho que el óvulo
"vacío" sólo está libre de
su núcleo original pero aún contiene miles de
mitocondrias - las cuales poseen su propio ADN - en su citoplasma.
En consecuencia, el llamado clon sería un individuo
cuyas células contienen ADN del donante sólo
en sus núcleos. Las mitocondrias presentes en las células
del clon serían descendientes de las mitocondrias originales
contribuidas por el óvulo "vacío".
El "clon" sería en realidad una especie de
mosaico genético que contiene ADN nuclear de un organismo
y ADN mitocondrial de otro en cada una de sus células.
No
obstante, aquí entra en juego toda una discusión
valórica, desde el punto de vista legislativo, ético,
doctrinario, filosófico, médico, etcétera,
del cual nuestro país no está ausente. En todo
caso, es un gran paso adelante y habrá que esperar
a ver cuán de provechoso es este avance en pro de la
ciencia.
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