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Un
sorpresivo resultado es el que contiene el Estudio Nacional
de Comportamiento Sexual del Ministerio de Salud, donde a
diferencia de lo que por años se ha creído,
son las jóvenes quienes más aprovechan la experiencia
de la sexualidad para enriquecer su vida afectiva, en razón
a una mayor fidelidad y a la estabilidad emocional con sus
parejas.
El análisis se realizó el año pasado
en base al encuestamiento de 5.407 personas entre 18 y 69
años, procedentes de 26 ciudades del país, donde
mediante un grupo de preguntas, los especialistas buscaron
evaluar la realidad en Chile en cuanto a la formación
sexual de quienes se inician. Contra lo presupuestado, la
edad para entablar una relación íntima por primera
vez sólo ha disminuido en dos años entre las
mujeres en relación a lo que ocurría en 1930,
con un promedio de 18 años frente a los 20 de hace
cincuenta años. Para los hombres el margen es aún
menor: De 17 en la década de los '30, hoy casi se empinan
por los 16 años.
Con tales guarismos, no resulta de extrañar una mayor
aceptación de las relaciones pre-matrimoniales, incluso
por los mismos padres de los jóvenes. De resistirse
férreamente unos años atrás, hoy más
del 25 % las reconocen y se muestran incluso partidarias de
ellas, en virtud del temor que les ocasiona un eventual fracaso
conyugal por parte de sus hijos.
El inicio, asimismo, es la etapa del mayor riesgo para contraer
el sida, herpes u otras enfermedades de transmisión
sexual. Esto, por cuanto pese al acceso a métodos anticonceptivos
y de protección de infecciones, más del 80 %
de los muchachos de ambos sexos no utiliza preservativos,
condón femenino ni ninguna forma de protegerse, al
punto que el estudio reveló que un porcentaje importante
piensa que con tener una sola pareja o un lavado vaginal después
del coito evitan infecciones y un embarazo, que en el último
caso, por cierto, no resulta nada confiable.
De hecho, el agua y el jabón pueden eliminar algunos
espermatozoides cercanos al orificio vaginal, pero los que
se encuentran en el cervix o en el útero, serán
empujados hacia adentro, facilitando su llegada al óvulo.
Además, esta práctica puede irritar las paredes
del útero y causar una vaginitis, junto al hecho que
se puede fecundar al óvulo aun mediante el llamado
coito interrumpido, consistente en eyacular afuera
de la vagina.
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