"La
Madrastra" y su poder de penetración
Chile entero se preguntó: "¿Quién
mató a Patricia?"
¿Quién mató a Patricia? La interrogante
fue una verdadera pesadilla para los televidentes chilenos que
establecían las más disparatadas tesis para descifrar
el enigma policial.
Corría abril de 1981 y TV-UC anunciaba la aparición
en pantalla de un nuevo culebrón escrito por Arturo Moya
Grau. A las 19.15 horas de un día miércoles comenzó
el cuento. La historia se inició en una cárcel.
Allí, tras las rejas, apareció Marcia (Jael Unger)
llorando sus penas por permanecer 20 años en cana por
un crimen que no cometió.
Para hacer entender al televidente en qué contexto fue
culpada, emitieron imágenes del viaje que hizo dos décadas
antes con su marido, Esteban (Walter Kliche) a Estados Unidos
junto a varios ejecutivos de la empresa de su peor es na`. Con
así una mala pata, la encontraron con una pistola en
la diestra junto al cadáver de Patricia, una de las integrantes
del viaje de negocios a Yanquilandia.
La justicia la condenó a cadena perpetua en un presidio
gringo. En Chile, sus familiares le habían dicho a sus
hijos que su madre había muerto para evitar que se enteraran
que la progenitora estaba en la capacha. Sin embargo, Marcia
consiguió la libertad y viajó a escarbar la verdad,
encontrar al asesino de Patricia y recuperar a sus críos.
El desenlace de la pomada será recordado como un gran
acontecimiento de la historia de las 525 líneas locales.
Arturo Moya Grau firmó ante notario el final y lo guardó
en una caja de seguridad. En los estudios de Canal 13 grabó
varios finales para que los actores no rocharan cuál
saldría al aire.
El 16 de septiembre el país estaba expectante. Los diarios
realizaban concursos y hasta un ex sabueso de la Brigada de
Homicidios, llamado René Vergara, escribía una
columna en un diario tratando de dar con el homicida de la mítica
Patricia.
Hasta que al final se supo. La culpable era Estrella y el país
se paralizó y asombró cuando al fin la madeja
se desenredó. El poder de penetración de "La
Madrastra" fue sin precedentes. Durante meses la gente
consideró a Tennyson Ferrada como un verdadero sacerdote
al punto de llamarlo por años como "Padre Belisario"
y hasta recurrir a él para confesarle sus pecados. Una
situación similar corrió Gloria Münchmayer
que sufrió verdadero miedo de salir a la calle, por temor
a ser llamada "asesina". |