Ottos rajúos... en el último minuto
clasificaron
En un partido con los dientes apretados, Alemania
virtualmente clasificó en minuto 45 para la
segunda ronda del Mundial, cuando Neuville logró,
después de muchos intentos, batir al meta polaco
Dudek, que en gran parte del partido evitó
la caída de su valla ante los incesantes ataques
ottos.
Polonia queda prácticamente fuera del Mundial
y los ottos clasifican invictos en el grupo, con dos
victorias, en un partido no apto para cardíacos
y que tuvo a los hinchas alemanes con el tambembe
a dos manos porque sus estrellas -Ballack incluido-
no podían meter la pelotita en el arco polaco.
De todas maneras, aùn no surge la Alemania
que todos esperan, aquella apabullante de sus rivales,
la que impone sus términos de juego y que si
bien no golea, por lo menos asegura los partidos tempranamente.
Y esa era la idea hoy, frente a los polacos quienes
en el papel no son un equipo que preocupe mucho a
los germanos.
Eran, porque los polacos jugaron a cuidar el empate,
con el objetivo de aferrarse a las posibilidades matemáticas
para clasificar, si se daban una serie de resultados,
tales como que Ecuador le gane a Costa Rica y también,
por qué no, a los mismos alemanes.
De esta forma, el partido se arrastró en un
ir y venir de la pelotita, lo que se mantuvo hasta
la mitad del primer tiempo, momento en el cual Alemania
apretó el acelerador y virtualmente "encajonó"
a Polonia en su arco y comenzó sus arremetidas
en busca del gol que le diera la tranquilidad a su
hinchada.
El arquero Dudka se convirtiò, entonces, en
un verdadero murallón para las constantes llegadas
de Neuville, Ballack, Podolski u Odonkor, quienes
encontraron en el arquero polaco su peor contrincante.
Tanto como el mismo arco, que en una oportunidad devolvió
desde el travesañó en dos oportunidades
los tiros alemanes.
Sólo fue en el último minuto, en el
minuto 90, en que finalmente uno de los tantos centros
enviados por el moreno Odonkor fue aprovechado por
Neuville, quien llegó como una bala para encajar,
ante la mirada atónita de los polacos, la bola
en el arco rival. Eso, y la explosión de alegría
en el estadio, fue una sola cosa. Ahí se desataron
los nervios, vino el relajo para los ottos y la profunda
tristeza de los polacos, que ya ven su virtual eliminación
como cierta.