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| 05 de Agosto de 2007 | |||
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“Mi hijo es un gruñón” A los siete años, Manuel tiene arrebatos violentos que preocupan a su madre. Ella se comunicó con la Fundación Chile Unido para buscar apoyo, ya que muchas veces siente que no puede controlarlo. PROGRAMA “COMUNÍCATE” FUNDACIÓN CHILE UNIDO, 800-226-226
Explica que todas las tardes se transforman en una verdadera lucha para convencerlo de que haga las tareas, se bañe o baje a comer. Relata que, “realmente, son ataques de rabia descontrolada que me tienen sobrepasada, al igual que a mi marido. Desde pequeño tuvo mal carácter, pero ahora ya se nos escapó de las manos. Él estalla por cualquier cosa, es impulsivo y no tolera cometer errores. En definitiva, mi hijo es un gruñón”. Esta situación no solamente se da en la casa, ya que -además- ha comenzado a manifestar problemas en el colegio. “En estos momentos ha habido muchas situaciones conflictivas entre él y sus compañeros, lo que no había ocurrido nunca antes”, enfatiza.
ControlProbablemente, muchas madres sientan que no pueden dominar el fuerte carácter de sus hijos. Además, es evidente que se trata de situaciones muy desgastadoras, que cansan en la medida que se van repitiendo.Es en ese momento -de casos extremos- cuando se requiere de ayuda profesional. Primero, se le aclara a Laura que la rabia es un sentimiento que, en la mayoría de los casos, es otra forma de comunicarse y que -por ende- no es malo sentirla. Lo negativo es expresarla en forma exagerada o inadecuadamente, como en el caso de este pequeño de siete años. Generalmente, estos niños son impulsivos, actúan sin pensar en las repercusiones y reaccionan con una rabia desmesurada ante cosas mínimas. No es aceptable -en ningún caso- recurrir a la violencia física, pero hay que enseñarles cómo manifestarse de manera controlada.
La culpaPara comenzar a corregir el mal carácter de Manuel, no es relevante centrar la atención en qué o quién causa sus ataques de rabia, a pesar de que sus padres se sienten culpables.Lo indispensable -ahora- es que todos cooperen, para sacar a su hijo de este problema que le traerá grandes complicaciones en el futuro. Muchas veces, estos niños quieren llamar la atención de sus padres o están acostumbrados a ser obedecidos ante sus deseos. Son (o han sido) consentidos, por lo que después utilizan los gritos y la rabia para manipular a los adultos que están cerca de ellos. Como tarea, se le ofrece a Laura que observe a Manuel en sus rabietas, para descubrir qué tipo de cosas le molestan. Además, le pedimos que pensara cómo estaban ellos comportándose como padres, ya que -por lo general- los modelos de comportamiento de la familia son repetidos por los hijos.
ConsejosDespués de algún tiempo, Laura informa a las orientadoras que -al observar a su hijo- se dio cuenta de que ella siempre trataba de manejar su propia rabia en esos mismos momentos, lo que aumentaba el descontrol en Manuel.Se le aconsejó que en esas situaciones lo mejor era dejarlo solo por un rato, aunque llorara o pataleara. Así, después, al calmarse ella, podría hablar con él en un ambiente menos hostil. Otra aspecto importante es enseñarle al menor lo perjudicial que será para él si prosigue actuando de esa manera. Un eficaz modo de hacerlo es imitándolo, para que se dé cuenta de la desagradable sensación con la que deben lidiar sus padres cada vez que tiene una rabieta.
CambiosSemanas después, las profesionales de la Fundación Chile Unido reciben la información de Laura, respecto de que Manuel ha experimentado un cambio leve, pero que eso la ha motivado a seguir los consejos recibidos.Comenta que cada vez que él comienza con su rabieta, ella lo deja solo. “Al comienzo fueron largos momentos en que gritaba y pateaba; después de algunas semanas, el tiempo de esa reacción se fue acortando”, narra la madre. “En varias ocasiones le he dicho lo negativo que esta actitud será para él en el futuro, pero lo hago con mucho cuidado; sin provocar que se altere nuevamente, lo que ha resultado bien”, añade. Explica que, en otras ocasiones, ella y su esposo han imitado la rabieta de Manuel, lo que le demuestra al pequeño lo mal que resulta tener alguien así al frente; esta situación -además- ha permitido fomentar el humor en esa familia. Laura se acerca una vez más a la institución para expresar que, “Manuel inició un rápido ‘despegue’ en su crecimiento, y ha comenzado ha controlar su rabia de mejor manera. Claro que todavía le quedan rasgos de sus conductas pasadas, pero son mucho más manejables, tanto para él como para nosotros. Por eso agradezco mucho el apoyo”. Se le expresa a la joven mujer que el carácter del menor puede que siga siendo fuerte, pero que lo importante es que él siempre sepa que hay límites para sus deseos.
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