18 de Junio de 2007
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La ventanita sentimental

 


La ventanita sentimental
Dr. Cariño
doc@lacuarta.cl

Nota: No se mantiene correspondencia privada.

Doctor Cariño:

Le escribo porque me encuentro muy angustiado. Hace dos años entré a trabajar a una empresa y por mi labor mantengo muy buenas relaciones con mis compañeros, en especial con las mujeres. Y resulta que poco a poco comenzó a crecer una gran amistad con una de mis compañeras, al grado de llegar a tener un romance bastante ardiente.

Ella me decía que yo la volvía loca y al principio me resistía, porque es casada, pero fue tanto el acoso que me dejé llevar por el deseo, tanto así que le pedí que si quería seguir lo nuestro debía separarse, pero ella me dice que no puede, por sus hijas.

Realmente es una situación difícil para mí, porque creo que me he enamorado. Por otra parte, debo reconocer que la hemos pasado muy bien. Muchas veces esperamos que todos se vayan de la oficina para incursionar arriba de los escritorios.

ANGUSTIADO.

Mi amigo:

Esta consulta me dio mala espina y mucho me temo que sea una "broma" o una maniobra muy mala leche de alguien que quiere perjudicarlo, incluyendo el fatídico sobre azul. Digo esto porque venían varios detalles que permitirían identificarlo fácilmente y no creo que usted sea tan... eso mismo. Sin embargo, hagamos cuenta que la consulta es verídica.

Los romances que nacen en los lugares de trabajo abundan, aunque sus protagonistas se esfuerzan en que nadie se entere, para evitar malas consecuencias. Lo que no abundan son las parejas que se evitan el gasto en motel y hacen zamba y canuta en las oficinas de la empresa donde laburan.

Imagino que en su caso se cepillan ahí por razones de tiempo, para que la pecadora no llegue demasiado tarde al hogar y el marido se ponga cachudo, con los peligros consiguientes. Estos atracones sobre los escritorios, en el sofá de algún jefe o en la alfombra del señor gerente pueden ser muy electrizantes y ayudar a subir la adrenalina y la calidad del polvete, pero si alguien los pilla ambos engrosarán la lista de cesantes el próximo trimestre.

PUNTO FINAL: Don José Calderón, que se identificó como psicólogo, afirma que me viene analizando hace tiempo y ha llegado a la conclusión de que soy inseguro, frustrado, egocéntrico y otras yerbas.

Un profesional universitario que escribe con groseras faltas de ortografía ("inchado", "deceas") para mí vale callampa, razón por la cual no aceptaré su gentil ayuda.


 

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