- ¡No se imagina la indignación que siento! ¡Grrrrrr...!
- Ya, pero no me muerda, mire que no le he hecho nada.
- Si no es con usted, oiga, sino que con cierta gente del Parque Metropolitano.
- ¿Qué le hicieron, amigo?
- Me llamo Nelson Contreras y por un asunto de una investigación que llevo a cabo para mi carrera me he visto en la necesidad de subir varias veces al Cerro San Cristóbal.
- Y cachó la tremenda nube gris que cubre Santiago y ahora está choreado.
- Nada que ver. Lo que sucede es que me enteré de que hay algunos guardias del parque que se encargarían de eliminar a los perros vagos que llegan hasta el recinto.
- Lo que dice es recontra grave. ¿Está seguro?
- Claro, porque yo mismo he visto a los cachupines un día y al otro desaparecen. Preguntando en un quiosco me contaron que los capturaban y luego caput.
- ¡Qué quiere que le diga! Para mí que se la tiraron chueca. Pudo haber sido una broma, nomás.
- Ojalá que esté en un error, pero yo observé cómo de una camioneta, de esas de seguridad que andan en el sector, bajó una persona con el traje del parque y subió al vehículo a un asustado quilterrier.
- De sólo pensarlo se me puso la piel de gallina... ¡Glup!
- Nada se pierde con investigar. Por si acaso, digo yo.
- Estamos totalmente de acordeón. Veamos que dicen nuestros amigos del pulmón verde.