20 de Mayo de 2007
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La lujuria: Deseo sexual sin amor
¡Mi pareja invade mi libertad!

 


ˇMi pareja invade mi libertad!
El rumor creció rápido, sobre todo tratándose de dos estrellas del cine mundial: Katie Holmes y Tom Cruise. Se dijo que ella abandonó a su marido porque le quitaba libertad, criticándola por todo. Al parecer, las cosas se arreglaron y están intentando recomponer la relación.



El caso de los artistas mencionados sirve para analizar la grave situación que se produce cuando una persona inhibe el desarrollo de su pareja,ya sea por impedirle su natural desarrollo en sociedad o por criticarle cada una de sus acciones.

El sicólogo Juan Pablo Carnevali enfatiza que, “ser controlador en una relación nunca es bueno y se puede augurar que esa pareja estará condenada al fracaso si no es capaz de conversar el tema y lograr un acuerdo que les permita -a ambos- su pleno desarrollo como personas”.

Añade que, “eso se expresa en tratar de controlar horarios, amistades, llamadas telefónicas,contactos por correo electrónico y hasta las opiniones que ha dado o debe dar ‘su’ hombre o ‘su’ mujer, respecto de distintos temas, por mencionar algunas de las manifestaciones claras de esa ‘limitación’ en la individualidad de la pareja”.

“El deseo de controlar a la pareja, o tener siempre las riendas de la relación,refleja un grado doble de inseguridad,ya que teme ser engañado o engañada y, además, no se cree lo suficientemente capacitado para mantener el interés de la otra persona”, explica el sicólogo.

CONFIANZA

Agrega que, “una persona que realmente confía en su pareja -como debiese ser-,no tendría por qué tratar de ser controladora.

Para mí, como profesional, quien es controlador tiene un trastorno de la personalidad que lo hace ser posesivo en extremos no convenientes. Una persona controladora desea saber todo de su pareja,y manejarla a su voluntad para así satisfacer sus propias necesidades y atenuar sus ansiedades y temores ante la pérdida”.

“Las actitudes controladoras y de invasión de libertad no son buenas para la relación de pareja, porque estas actitudes no se toman motivadas por el deseo interno de querer estar con la otra persona o sentir su ausencia. Vale decir, ello no surge como una necesidad amorosa de querer estar con el ser amado, sino que aparece el miedo a la traición, al engaño o, simplemente,porque se quiere que actúe bajo determinados comportamientos egoístas”,destaca el profesional.

Agrega que las mujeres comienzan a revisar bolsillos; preguntar varias veces lo mismo, para ver si hay algún indicio de información distinta, oler la ropa o estar siempre a la defensiva, esperando que su pareja haya caído en alguna tentación...

Puntualmente, en que haya tenido algún encuentro con otra mujer.

En el caso de los varones, aparecen las ‘caras largas’, la solicitud drástica de que su mujer le explique el atraso en la llegada,el tiempo que ocupó en sus llamadas telefónicas o no haberle anunciado alguna gestión extra a su quehacer cotidiano (algo así como ‘pedirle permiso’, aunque solamente sea avisarle).

Al respecto, Carnevali insiste en que, “la conducta controladora obedece al diagnóstico de un trastorno en el control del pensamiento y se clasificaría como una pseudo-obsesión, ya que a diferencia de una obsesión propiamente tal, el sujeto que vivencia esta conducta controladora no asume o no se da cuenta de que es un comportamiento disfuncional para la relación de pareja. Es decir, nunca aceptará que no está en lo correcto”.

En este tipo de conductas entra en juego el factor emocional, las experiencias pasadas y la autoestima débil. “Eso implica,también, un problema de celos que no permite dar las libertades necesarias a la pareja”, agrega el sicólogo.

“Para superar o modificar esta actitud en la pareja, es necesario la aplicación de sicoterapia, para evaluar las razones que llevan a la persona a ejecutar este patrón de comportamiento. Lo que se busca en la terapia es corregir y desactivar el conjunto de creencias irracionales que sustentan la conducta, disminuir los niveles de ansiedad y superar los temores hacia la pérdida”,destaca.

Concluye el profesional que, “si bien una pareja supone la suma de dos voluntades para formar una nueva unidad, cada cual debe mantener su individualidad, porque todos somos diferentes. No se trata de hacer cambiar a alguien para que se acomode al modo de vida del otro, sino de manejar las cosas para que eso pueda sobrellevarse de una manera pacífica,asumiendo que hay amor, comprensión y confianza”.


 

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