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| 20 de Mayo de 2007 | |||
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La lujuria: Deseo sexual sin amor Quienes sienten un deseo desmedido y descontrolado por tener solamente sexo, sin darle ninguna importancia a los sentimientos, están adquiriendo una conducta lujuriosa. A veces, la expresión se usa como sinónimo de ‘degeneración’ o ‘perversión’, lo que no corresponde. Ello, porque la lujuria busca el placer físico máximo, sin sentimientos,mientras que las otras palabras representan acciones que implican grados de degradación humana, sobre todo atentando con violencia. Tampoco es aconsejable que alguien use la palabra para descalificar a su compañero o compañera, ya que el concepto conlleva la idea de transgresión, de traspasar las fronteras ‘normales’ de la relación. Vale decir, será -absolutamente- justificada la molestia de quien sea calificado(da) de esa manera. Se puede dar el caso del encuentro de dos personas con las mismas características,lo que implicará que ambos obtendrán el máximo placer físico con desprendimiento de afectos. Esa situación pasaría a ser una conducta complementaria, donde cada cual sabrá hasta cuándo mantenerla. (Para la Iglesia Católica la lujuria es un pecado y atenta contra el sexto mandamiento,que es no cometer actos impuros; incluyendo la masturbación, que es la excitación voluntaria de los órganos genitales a fin de obtener placer).
LA CONDUCTADe acuerdo al análisis siquiátrico, la lujuria es una forma de exageración relacionada con el deseo sexual; por lo que hay que entenderlo como una especie de estado donde la excitación sexual es predominante y el objeto deseado se reduce al mero cuerpo del otro o partes de ese cuerpo,absolutamente despersonalizados.VAS • Vale decir, no se toman en cuenta los sentimientos amorosos en relación con esa otra persona. Esa conducta se hace peligrosa,porque llega a constituirse en un afán urgente para la descarga de una excitación sexual que se transforma en incontenible y que puede contaminar pensamientos, fantasías y conductas del sujeto (sea hombre o mujer). En cuanto al valor de una manifestación de lujuria en uno de los integrantes de la pareja, puede suscitar fantasías cómplices o compartidas que lleguen hasta enriquecer la relación, siempre y cuando sea aceptado por la otra persona. Está claro que la conducta particular de un hombre o una mujer en sociedad -sea heterosexual u homosexual- está enmarcada por las normas sociales, que establecen ciertos comportamientos en pareja. Si se llega a romper ese código de ‘respeto social’, la persona tendrá que responder ante los demás por esa ‘liberación de su deseo y placer’. Ejemplo de ello son los gritos. Esa reacción va contra la normal convivencia social, porque involucra a los demás en un momento que debiera ser íntimo.
Gritos o expresiones demasiado sonoras va a dar cuenta de un descontrol del deseo que podrían corresponder
Por lo mismo, hay que tener bastante cuidado al calificar a alguien de lujurioso(a), porque se puede caer en errores de concepto. Hombres y mujeres con bastante interés -o capacidad- para relacionarse sexualmente con su pareja (a la que aman), no caen en un comportamiento lujurioso cuando insisten en contactos reiterados. Ello, porque están respondiendo a su naturaleza física y, además, existe un gran estímulo que los lleva a querer tener intimidad: el amor por esa persona que han elegido para compartir la vida. Así, el óptimo complemento de dos personas con bastante actividad sexual no puede ser calificado como lujurioso, ya que ambos están manifestando su natural deseo de estar juntos, motivados por fuertes lazos amorosos y de comunicación. Distinta es la conducta de quienes desean el ‘sexo por el sexo’, anhelando a determinada persona, sin importarle para nada los sentimientos; lo que puede transformarse en un peligro si ello constituye una actitud de vida. Está claro que esa conducta pone en riesgo a los demás, lo que hace necesario que esas personas consulten con un sicólogo o siquiatra.
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