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| 20 de Mayo de 2007 | |||
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Escalofriante: Chatarra de la nave recuerda accidente
A pocos metros de la tumba, como escalofriante recordatorio de lo que fue el accidente, se amontonan en un cúmulo de chatarra de los restos del aparato, el tren de aterrizaje, parte del fuselaje, cablería eléctrica y tubos del sistema hidráulico. Restos de la aviática del bimotor Fairchild - 227, versión gringa del Fockker F-27 alemán, diseñado para transportar 48 pasajeros. "Tras permanecer una hora recorriendo la Zona Cero del impacto, y del calvario de los pasajeros del aparato de la Fuerza Aérea Uruguaya, emprendimos el regreso, en silencio. A las 15.10 horas el tiempo cambió bruscamente. La tormenta se aproximaba", contó Marchant. "El río Las Lagrimas bajaba torrentoso con su carga de piedras, hielo y barro", añadió. "No pudimos cruzarlo. Tuvimos que pasar la noche, escarchados tras una pirca circular esperando, sin cerrar los ojos, el amanecer, conscientes que si nos vencía el sueño, la muerte blanca ganaría", contó. "A las 20 horas se puso el sol tras las cercanas cumbres, a 3 mil metros de altura. Nos acurrucamos, mirando al cielo. Vimos aparecer y desaparecer las estrellas, y el curso de varios satélites mientras agotábamos la conversación", relató Cuando salió el sol logramos vencer la dificultad del torrente y emprendimos el camino de regreso hacia el valle. Fue una hermosa experiencia, buena para el cuerpo y para el alma", remachó Pedro Marchant.
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