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| 15 de Mayo de 2007 | |||
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Por si no bastara con la mansaca que los usuarios han tenido que aguantar por más de 3 meses, la barra trabajadora fue reprimida por alegar contra condorazo en estación Las Rejas ¿Hasta cuándo basurean al aporreado pueblo de Santiago? Transchantete se ha convertido en una epidemia peligrosa que está contagiando al Metro. Mansaca se armó al trabarse la puerta de un carro del pategoma Ramiro García S
Desde el comienzo el 10 de febrero, los usuarios no han vivido más que problemas. De un día para otro cambiaron todos los recorridos, se creó un nuevo sistema de pago y se le pidió a la gente que se levantara más temprano. ¿Pero qué han vivido los usuarios? Micros llenas, recorridos fantasmas, caminatas de 20 cuadras para tomar un troncal, filas de hasta tres cuadras para abordar un bus que pasa cada media hora y un sistema de pago que funciona a medias. Debido al diseño del plan, el Metro de Santiago (hasta el 10 de febrero símbolo de la puntualidad, la pulcritud y el buen funcionamiento), empezó a colapsar, con aglomeraciones nunca antes vistas y cierre de estaciones.
SeguiditasPero el Transantiago parece ser una epidemia del fracaso que terminó por contagiar definitivamente al Metro.El sábado, cerca de 5.000 personas tuvieron que caminar desde Plaza Italia a sus laburos, porque el pategoma simplemente colapsó y estuvo sin funcionar entre las 7 y las 9 de la mañana. Ayer, dos días después, cientos de trabajadores, dueñas de casa y gente común, protestaron espontáneamente porque nuevamente se produjo una falla que obligó a cerrar diez estaciones, entre Las Rejas y Universidad de Chile. Ello ocurrió a las ocho de la mañana, justo a la hora en que el pueblo se traslada para ganarse el pan del día. Se informó que la causa fue la trabazón de la puerta de uno de los carros. Evacuado el Metro, la gente quedó en la calle donde, en vez de recibir una solución a su protesta por no tener en qué seguir a sus trabajos, sólo encontraron una lluvia de bombas lacrimógenas por parte de la policía, las mismas que se ocupan para disolver al lumpen cuando protestan contra el sistema y rompen todo lo que está frente a ellos. En plena Alameda, la gente común y corriente fue disueltacomo delincuentes, sólo por reclamar por el derecho a tener un sistema de transportes para llegar a laburar. Y llegaron tarde a la pega y hoy tienen temor de que los echen. Y se suma otro más: El miedo a perder completamente su dignidad y que nadie, nunca, se la pueda devolver.
Gallada denunció que los guardianes del orden se fueron al chancho con la repre: "Llenaron la calle de lacrimógenas"La serie de bombas lacrimógenas que lanzó Carabineros para dispersar los cientos de personas que se manifestaron contra el Transtortuga, provocó puros problemas.Uno de los más ofuscados fue Gabriel Barra, quien alegó ante las cámaras de TV y para todo Chilito que funcionarios del Metro le regalaron 10 boletos para que no piteara tanto por el cierre de la estación Las Rejas. "Toma pa que te quedís callao", le dijeron. "¿De qué me sirven estos boletos? Esta es plata de mis impuestos. ¿Pero qué solución nos dan? Ninguna", piteó mientras rompía los tickets en vivo y en directo. Un hombre que vende diarios a sólo metros del lugar donde tiraron las bombas lacrimógenas, y que prefirió permanecer anónimo por temor a ser corrido de su lugar de trabajo, dijo que las vio negras con el humo llorón. "No pude arrancar porque si dejaba mi puesto botado, no habría faltado el tonto que se hubiera aprovechado y me roba todo", dijo el comerciante de 68 años. Doña Alicia tiene un quiosco en Las Rejas con Alameda y recibió el humo de las bombas justo al llegar al laburo. "Iba a cruzar cuando apareció el humo. Llenaron la calle de lacrimógenas. Fue terrible. Esto del Transantiago no da para más. Yo trabajo acá todos los días y el Metro siempre tiene problemas. Además yo me voy de noche a la casa y en General Velásquez tengo que esperar una hora y media que pase la micro. Al final llego como a las dos a mi casa y más encima el otro día me asaltaron", contó. "No hay vida familiar. Yo llego a la casa a dormir tres horas y después salgo a trabajar todo el día en el quiosco. Si no lo hago, ¿quién me va a dar plata para comer?", alegó mientras sus ojos lloraban por una triste e inaceptable mezcla de humo e impotencia.
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