- ¿Con los amigos de la barra pop?
- A mucha honra, estimada señora... ¿Qué se le ofrece?
- Acá va mi cuita. Soy Hilda Barría, tengo 57 años y hace 16 que murió mi marido, José Francisco Azócar, quien era mi compañía, mi pilar económico, mi todo. Él era cabo del Ejército y le dedicó la mayor parte de su vida a esa institución, pero cuando falleció recibí el pago de Chile.
- ¿Cómo así, mi lady?
- Jamás conseguí que me dieran un respaldo económico. Ahora vivo de allegada, no tengo previsión social y eso me ha causado mucha depresión y angustia.
- Chuatas, chuatas... ¿Y qué le han dicho las autoridades?
- He enviado cartas al general Cheyre y a la Presidenta Bachelet, pero me han respondido que no pueden hacer nada. Yo estoy muy afligida por esta situación. Ni siquiera estoy esperando una pensión completa, me conformo con media. La verdad es que me siento terrible de humillada, porque le tengo que pedir hasta papel higiénico a la familia que me ha acogido.
- Ojalá que la institución armada o quien corresponda le dé una solución a su problema, mi doña.