17 de Diciembre de 2006
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Escaso interés por la familia
En la vida familiar todos deben ser responsables por lo que ocurre en el hogar. Para ello, es fundamental que exista un buen sistema de comunicación, aunque los integrantes no se vean todo el tiempo.



HACE TRES MESES:

Ana María (39 años) está muy apesadumbrada por lo que está ocurriendo en su hogar, donde su hijo mayor ha perdido todo el respeto por su padre.

Javier, el esposo (43 años), trabaja en otra región y llega al hogar cada diez días. Se queda cuatro y se vuelve a ir por otros diez días.

Manuel, el hijo mayor (17 años) ,quiere independencia y para ello está trabajando mientras cursa su tercero medio. Todo el dinero lo está depositando en una cuenta, porque desea irse del hogar apenas egrese del liceo.

Rosario, la menor (15 años), es quien trata de que las cosas marchen bien entre todos. Ella, como un gesto Ana María resume:

“Todas las veces que Javier y Manuel se ven es sólo para que tengan una pelea tras otra. Mi marido se queja de que el Manolo no lo respeta,que no le contesta en buena forma y que es un malagradecido. Para él todo tiene que ver con el hecho de que está trabajando y ganando su plata; por eso tiene un comportamiento que llega hasta la insolencia.

Al mismo tiempo, Manolo critica que su padre a lo único que llega es a criticarlo todo. Que los días en que él está en la casa todo cambia, porque quiere imponer su voluntad en todo. El niño dice que lo mejor sería es que su padre no llegara a la casa,porque es para pura complicación.

Yo no sé qué hacer”.

Añade:

“Mi hija (‘Chari’) es la que tiene la película más clara. Es increíble como esta niñita ha sido capaz de controlar toda la situación, aunque todos no confiamos mucho en ella, por ser tan frágil y pequeña. Fue ella quien me hizo ver que yo no tenía autoridad.

Eso me dolió mucho, pero debí asumir que no estaba haciendo mucho por este tremendo conflicto. He dejado que las cosas se vayan de las manos de todos, lo que no ha sido bueno. Aunque mi deseo es lograr que todo se arregle. Somos una familia,pero ya no existe la unión que había antes”.

HACE DOS SEMANAS:

Es Rosario quien comenta los resultados obtenidos en este tiempo.

“El Manolo se fue de la casa un día en que mi papá le pegó una cachetada.

A ambos se les pasó la mano,porque discutieron muy fuerte.

Ahí mi papá le dijo que mientras él lo mantuviera, tendría derecho a exigirle respeto, y que si no le gustaba se fuera. Así, el Manolo tomó un poco de ropa y se fue a la casa de un amigo,a pesar de que mi mamá y yo le pedimos que no lo hiciera. Claro que duró como cinco días. Dijo que no era lo mismo estar en casa ajena.

Al volver mi papá, el Manolo se distanció y evitó en todo momento encontrarse con él. La situación fue bien tensa”.

Añade:

“Es allí donde yo me metí con todo lo que podía decir. Le pedí a mi papá y a mi mamá que me escucharan,que hicieran algo por salvar la unión familiar. Conversamos bastante.

Muy contrario a lo que mi mamá pensaba, mi papá se comportó muy predispuesto a hablar con el Manolo y arreglar sus diferencias. Ya llevaban mucho sin hablarse. Una noche, mi papá lo esperó y le pidió que conversaran.

El Manolo solamente escuchó.

Tenía mucho rencor. Al otro día, fue la primera manifestación de un avance,porque el Manolo no huyó de la presencia de mi papá. Y así, de a poco, todo se fue mejorando”.

“Mi mamá asumió, también, que ella era tan responsable de todas las cosas, porque era el nexo entre los dos y no supo cuidar que todo estuviese bien. No hizo bien su tarea de mediadora. Felizmente, todo se ha mejorado. No puedo decir que ya todo es perfecto y jamás discutirán, sino que -por lo menos- hay una actitud positiva de ambos por contribuir a la estabilidad familiar”, concluye Rosario.

LA MADRE

Ana María está sorprendida con la capacidad de su hija por conseguir lo que ella no fue capaz de hacer a su debido tiempo.

“Soy muy creyente y creo que Dios la comisionó para que cumpliera una labor que debía hacer yo. De pronto ella hablaba tan claro que me sorprendía.

Usaba palabras con convencimiento y eso me emocionó mucho.

Era mi chiquitita la que estaba esforzándose al máximo para que la paz volviera al hogar. Me siento muy orgullosa de ella, por todo lo que hizo y sigue haciendo, así como por el cambio de actitud de Javier Manolo. Bueno,debo reconocer que yo también he cambiado. Creo que una madre nunca debe olvidar su rol. Siempre en cada hogar habrá diferencias entre los familiares y es la mujer, sin duda, la que debe llegar a los puntos de equilibrio”,enfatiza Ana María.

“Mi consejo a las familias con problemas es que deben estar alerta para enfrentar los conflictos cuando adviertan que hay escaso interés por lo que está pasando en ese grupo. Lo primero que uno debe hacer es conocer a las personas que le rodean. Yo no puedo tratar de cambiar a mi hijo si es que no lo conozco. Por eso hay que fomentar la integración y buscar las fórmulas que permitan que las personas se entiendan en el hogar. Más allá de la distancia que de pronto se pueda producir, lo importante es luchar porque las cosas se den con armonía y entrega”, concluye Ana María.


 

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