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| 03 de Diciembre de 2006 | |||
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La ventanita sentimental Dr. Cariño doc@lacuarta.cl
Doctor Cariño:
Soy un hombre de 28 años, estoy casado hace cuatro y tengo dos hijos y una hermosa esposa. Mi trabajo es bueno y poseo una pequeña empresa en la cual mi señora ha sido el pilar fundamental, ya que nos está yendo muy bien. Yo no tengo vicios, no me gustan las fiestas ni el carrete, y pienso que debo aprovechar mi juventud para trabajar por mi familia. El único pero es que tiempo atrás me porté mal con una negrita que está bien potable. Esto fue sólo una vez. Luego analicé mi situación y me di cuenta de que la estaba embarrando, así que chao pescao a la negrita vacilona. Mi esposa nunca supo nada. El problema puntual es que mi mujer se molesta cuando se me arrancan los ojos para los lados, ya que en la zona donde vivo las hembras andan muy acaloraditas con el sol y usted se imaginará cómo se visten. Yo tengo bien rayada la cancha y no quiero aventuras con nadie. Sólo deseo vivir, dormir y comer tranquilo, sin ningún temor. No volveré a engañar a mi esposa e hijos. Lo juro. Doctor: ¿Es tan grave mirar a las hembras y que ella se moleste tanto? En todo caso las miro bien disimulado, pero ella es muy astuta y en algunos casos se pasa rollos y así empiezan las mochas, que duran dos a cuatro días, en los cuales debo dormir en el sofá. Ella es chapada a la antigua y me gusta su forma de ser, menos lo que le acabo de contar.
MIRÓN Voyerista:
Realmente no entiendo por qué me consulta, ya que no tiene ningún problema. Salvo que se haya querido cachiporrear con eso de que conoció y disfrutó los encantos de una negrita. Media gracia. Si fuera por eso yo tendría que dar mil veces la vuelta olímpica en el Estadio Nacional. Se nota que usted no es ningún fauno que pasa el día corriendo tras las doncellas -bueno, nunca tanto- para contarles los lunares y pecas en la noche. Su único vicio es mirar mujeres livianitas de ropa en la calle hasta que se le cae la baba y los ojos se le ponen como el Dos de Oro. Como es tontorrón lo hace cuando su esposa va al lado, seguramente tomada de su brazo. ¿Acaso el gil no puede despacharse con su lascivia visual cuando anda solo, ah? ¿Se ha puesto a pensar que ella se siente humillada por su frescura? ¿Cómo se sentiría usted si la cosa fuera al revés, es decir, que ella empelotara con la mirada a los varones encachados que vienen en sentido contrario y se pasara la lengüita por los labios? Se lo diré: Se consideraría una barata, una lagartija, un gusano. Por favor, asopado, respete a su esposa y como no tiene alma de conquistador, sea ratón de una sola cueva.
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