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| 13 de Noviembre de 2006 | |||
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Hace 23 años que no se pierde velorio en su pueblo Brasileño es adicto a entierros
El que así habla no es el dueño de una funeraria ni uno de los famosos "buitres" que se instalan en los hospitales esperando por un "cliente", sino que se trata de un ciudadano brasileño común y corriente, salvo que es adicto a los velorios y funerales. Luis Squarisi, de 42 años, asume que lo suyo no es normal, pero tampoco desea dejarlo. Su extraña historia comenzó en 1983, cuando falleció su padre. Con el paso del tiempo, y a medida que auentaba su adicción, debió renunciar a su pega para tener el tiempo necesario a fin de asistir a cada velorio que se producía en su natal Batatais. A tanto llegó su dependencia que "si no escucho nada en la radio, llamo a los hospitales y a las casas funerarias para saber si murió alguien", dice. En el único local velatorio del poblado juraron que "no queremos que él vaya a terapia. Todos esperamos verlo en los funerales".
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