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| 30 de Octubre de 2006 | |||
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Tenemos brujas de sobra: Angelitos y hadas arrasan en Halloween Coleflechas, morticias, momias locas por el baile y engendros farandulines se baten en retirada. Niños no quieren matarse de miedo. Ronald Henríquez M.
Como en las películas malas, el bien se impone sobre el mal en tiendas de las calles Rosas y Meiggs, donde la barra pop se apera de pilchas para echar la talla en la noche de Halloween, el 31 de octubre, en la víspera del Día de Todos los Santos. "Los clientes este año están cargados a lo blanco. Los trajes de hadas y ángeles están agotados", cuenta Daniel Calderón, el dueño del local "Mr. Cotillón" ubicado en Meiggs. Para el capo de la tienda la razón es que los trajes de monstruos asquerosos, como los esqueletos con pinta de difunto fallecido, no son recomendados por los colegios y menos en los jardines infantiles. "Los padres están comprando trajes más tiernos y sanitos, como los de princesa, hada o túnicas de Gasparín", explica. Igualita es la fiebre de amor que ataca a los clientes de la tienda "De Cristián" en Rosas. Ahí los papis se pelean los disfraces dulces y angelicales. Según Aurora Rodríguez, los súper héroes son la novedad y en la estantería duran menos que adolescente con actriz porno. Aunque reconoce que los tridentes, látigos y trajes de cola en flecha igual tienen salida entre los cabros más grandes y palomillas.
De cucoPara Gloria González, la caperuza del jardín infantil "O'Clock", que atiende chiquiturris desde seis meses hasta cinco pepitas, la fauna de monstruos que se ofrece pa' vestir a los peques no aporta nada bueno a la educación de los niños.Por el contrario, según la educadora hace que los cabritos se pasen al lado oscuro. "Los niños creen en fantasías y en sueños sanos. Halloween se los mata, hace que se confundan y que crezcan con esos miedos", opina. Por otro litro, la dire explica que no tiene ni un problema con que los más viejotes le pongan bueno a las peluquitas de Morticia o a las máscaras de Freddy Krueger. ¡Buuuahhh! "Para un joven está bien, es un juego, pero no para un niño", teoriza. Por eso la guaripola defiende con uñas y dientes que los cocolisos vistan en el jardín trajes inocentones de magos y haditas. En el condominio Los Jardines de Providencia pasa algo similar. El administrador del complejo habitacional, ubicado en Marchant Pereira, manda cartas a los vecinos sugiriendo que "se disfracen tiernos y angelicales". Víctor Sánchez nos contó que los papis están felices con la idea porque los pitufos disfrutan de la fiestoca en buena onda y después no se hacen pichí en la cama del puro susto que le agarran a Don Sata.
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