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| 15 de Septiembre de 2006 | |||
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Dr. Cariño doc@lacuarta.cl
Doctor:
Tengo 32 años y mi mujer 27 y con un hijo de 10. No nos llevamos tan mal como familia, el problema es en el ring de cuatro perillas, la verdad es que yo me he mantenido bastante bien en lo físico, pero la bruja pesa más que yo, o sea está gorda y con unas charchetas que ni le cuento. No me calienta para nada, o sea cero excitación, yo se lo he conversado y le he dicho que se cuide más pero nada, no me pesca. Hace un par de semanas llegué a mi casa del trabajo y cuando entré lo primero que veo es a ella, una rubia hermosa de ojos azules y con un cuerpo de ensueño, sentada en el living y le pregunté por mi señora. Me dijo que salió a comprar y empezamos a conversar mientras llegaba la bruja. Ella me dijo que conoció a mi señora en el liceo y que había llegado a la ciudad a trabajar. En eso llega la iñora de la casa y nos presentó formalmente, en eso mi señora la llama a la cocina y ella se para y va, y la vi por atrás, un trasero genial, yo quedé lelo. Bueno fue varias veces a la casa y yo empecé a notarla rara, cuando me saludaba los besos eran muy cerca de la boca y me miraba y se reía. Un día se quedó más de lo normal y se hizo de noche y mi señora me dice: "Oye por qué no la vas a dejar en el auto un ratito" y yo le dije "güeno ya", y nos fuimos y cuando llegamos, antes de que se bajara del auto le pregunté cara de palo si yo le gustaba, y me dijo que sí, desde el primer día. Me quedé pa dentro, mudo, y le dije qué te puedo decir y ella me dijo no digas nada y me besó con tutti, quedé loco y nos fuimos a su depa, y desatamos nuestra pasión como por tres horas más o menos. El problema es que no paró ahí la cosa y nos hemos seguido juntando en su depa por varias semanas y aquí está el problema: por un lado están mi hijo y mi esposa y por otro la rubia que me zapatea las hormonas. Mi pregunta es ¿qué puedo hacer, Doc? ¿Sigo disfrutando o corto el payaseo de una?. CONFUNDIDO.
Mijo:
Esta respuesta deben leerla todos los gordos y gordas que revientan los somier de sus privados campos de batalla. Para qué estamos con cosas. Una mujer que fue blanca y radiante al altar, pesando 58 kilos, al cabo de pocos años llega a los 80 o 90 kilates está condenada a ser gorreada. Las charchas matan la pasión y, más grave, el amor. El compadre que se casó pesando 75 kilos, que jugaba fútbol todos los fines de semana, de repente se transforma en guatón parrillero con más sed que un camello, descubre que ahoga a la patrona con la grasa y el tufo. Ella opta por cortarle el suministro del placer. No le voy a dar ningún consejo porque tendría que ser sádico. Me queda claro que el cetáceo ya no lo pillará nunca más volando bajo y que sólo cabalgará a la apetitosa ex condiscípula de su gordi, hasta que lo descubran. Desgraciadamente, así es la vida.
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