Cacheteos, corridas de manos y hasta vuelos del cóndor hubo ayer en la localidad petazeta de Buñol, donde más de 40 mil "guerrilleros" y warriors emplearon como únicos proyectiles más de 110 toneladas de tomates maduritos.
Como cada último miércoles de agosto desde hace 61 años, esta pequeña localidad de la provincia de Valencia, en el este de España, acoge la visita de decenas de miles de turistas procedentes de todo el planetoide que acuden para sumarse a este singular brillo.
Además de los vecinos de Buñol y su comarca, que se vuelcan en la organización de esta peculiar batalla, no es difícil encontrar en las calles de esta población a viajeros llegados desde Japón, Corea, Bélgica, Australia, Estados Unidos, Canadá, Italia, Francia o Alemania.
En apenas una hora, absolutamente todos los participantes, y también aquellos que se atreven a asomarse por alguna de las ventanas desde las que se contempla el espectáculo, sufren las consecuencias del paso de cinco camiones cargados hasta los topes con tomates "pera".
La cooperativa encargada de abastecer de tomates a Buñol es responsable también de seleccionar únicamente aquellas hortalizas maduras aptas para ser lanzadas, aunque obviamente siempre se suele colar algún pepino o zapallo, cuyo impacto resulta menos agradable.