Bueno para la chiva resultó Roberto Carlos Muñoz Celis, de 30 pepas, quien paga en la Cárcel de Talca una deuda con la sociedad. Como el perla no se siente a gusto en el Centro Penitenciario, no encontró nada mejor que armar un cuatiqueo y se subió a la punta de una antena de radio que existe dentro del recinto.
Al comienzo nadie lo podía creer. Montado en la estructura metálica, a unos 20 metros de altura, "El Garza" gritaba a los cuatro vientos que si no lo mandaban a la peni de Curicó, donde por lo menos podría comer tortas con dulce de alcallota, se iba a tirar de cabeza al vacío y hasta ahí no más llegamos.
Para ponerle más color, anunció que antes de iniciar su ascenso al pico de la antena se había empapado la cuerpada con parafina y que en cualquier momento se prendía un fósforo convirtiéndose en pira humana aérea.
El espectáculo era observado no sólo por reos y gendarmes, sino que también por gente que vive aledaña al penal porque los gritos del "Garza" resonaban como trueno.
La incertidumbre fue total hasta que Muñoz Celis, quien cumple 10 peras y una guinda por robo más 561 días por quebrantar una condena, tiró cuentas y llegó a la conclusión de que, con todo, era más entretenido seguir viviendo que mandarse a cambiar hacia lo desconocido.
Al bajar a tierra firme dejó pagando a los tombos con el asunto de la parafina: El hombre tenía toda la ropa mojada, pero con agua. ˇPlop!.