Como si el cielo si hubiera puesto de acuerdo, una lluvia de lágrimas despidió a Sergio Santander. Harta agua cayendo y poca gente en el camino del ex jefe del olimpismo jaguar hacia las cenizas. Quizás el camino más simbólico para el final.
La familia, los amigos y Fernando Eitel, otro ex presi del Comité Olímpico, se contaron entre los presentes. Una postal de lo que fue el ocaso de Santander, sólo rodeado por los más cercanos y condenado al escarnio público, por algo que a estas alturas nadie pudo comprobar.
"Lamentablemente fue un chivo expiatorio. Cuando quisieron limpiar lo que estaba pasando (candidatura de Salt Lake City 2002) tomaron a cinco países chicos para acusarlos, y entre ellos le tocó caer a Sergio", explicó Marlene Ahrens, una que estuvo hasta el final en el bando del ex presi de la Federación de Automovilismo.
Quizás por eso en la familia, que no quiere saber nada del periodismo y que ayer prohibió hasta las fotos, esté el ánimo de limpiar la imagen del esposo, del padre, del dirigente.