El campamento minero Sewell fue construido en 1906 y ahí vivieron por más de 70 años los topos de El Teniente y sus familias. Con el tiempo llegó a tener una población de 15 mil personas, pero a fines de la década del 60 comenzó a quedar más pelado que la cabeza de Nelson Acosta, ya que sus habitantes se fueron a vivir a Rancagua.
Ahora no queda ni un alma, pero sí la intrincada arquitectura y los recuerdos de los esforzados hombrones que construyeron más de 2 mil kilómetros de túneles.
Por eso los viejos mineros saltaron en una pata cuando se enteraron de que por aclamación y con aplausos fue aprobada la inscripción de Sewell en la lista de sitios pertenecientes al Patrimonio de la Humanidad.
La asamblea de la Unesco se realizó en la capital de Lituania y la decisión se supo a las tres y media de la madrugada de ayer en Chile. La embajadora nacional en Francia, Pilar Armanet, era la jefa de la delegación y contó con pecho de paloma que "en un ambiente de discusión apasionada tuvimos la enorme satisfacción de que la inscripción de Sewell fuese aprobada por aclamación y con aplausos".
Con esta distinción, Sewell se suma a Isla de Pascua, la oficina salitrera Humberstone, las iglesias de Chiloé y la Joya del Pacífico.