Ésta pudo ser una gran historia policial, pero la realidad la confinó a este pequeño rincón paranormal. Todo partió hace cinco años, cuando Claudio Muñoz compró una casa en la periferia de Colina. Desde los primeros días su familia sintió extraños ruidos y vio sombras que iban de un lado a otro. Nadie se atrevía a quedarse solo en el palacete.
Con el paso del tiempo los Muñoz enfermaron de los nervios. Lo que fuera penaba tupido y parejo... Hasta que una persistente mancha en el piso del radier del living dio una pista. Claudio ató cabos sueltos y dedujo que la sombra podía ser de alguien que fue asesinado en la casa y que estaba enterrado bajo sus pies. Por eso la mancha no salía ni con jabón Popeye.
La noche del miércoles perforó el suelo con una picota y casi se le cayó la peluca. A pocos centímetros aparecieron tres huesos del fantasma. Altiro llamó a los verdes y llegó la prensa. El hombrón se subió por el chorro y pidió plata para mostrar el hoyo. Tras el análisis de los huesos el resultado fue concluyente: Penaba una vaquita que ya no daba leche, pero sí mucho susto...