Con una lágrima y un nudo ciego en la garganta, el ex atajapenales Julio Rodríguez llegó al homenaje de su gran discípulo Claudio Bravo, al que recibió a los 12 años en las inferiores del Colo y le enseñó todos los trucos bajo los tres tubos, en especial que los goles se atajan y no se comen: "Trabajamos 7 años juntos y hubo que enseñarle todo sobre el puesto.
Entrenábamos mucho, así que la relación era como de padre a hijo, además que él estaba llano a adquirir todos los conocimientos del puesto".
Rodríguez, que además formó a Eduardo Lobos, Felipe Núñez y Víctor Loyola, entre otros, sabía en ese tiempo que su diamante en bruto llegaría lejos, pero ¿qué tanto?: "En ese tiempo quizá no imaginamos que llegaría a Europa, lo bueno es que se concretó y va a llegar más alto aún".
Juntos tienen anécdotas por carretillas, y anoche se acordaron de dos que marcaron a fuego la carrera del portero: "Cuando era juvenil se me acercó llorando varias veces, porque un técnico y un dirigente querían echarlo del club por comerse unos goles. Lo tomé y en la época del técnico Fernando Morena lo subimos al primer equipo. No podíamos darnos el lujo de perder al futuro arquero del equipo y de la Selección".
El "Hulk" del pórtico reconoce que era puro nervio en la definición con la "U", pero le tenía más fe que a su mismo Niño: "En toda mi carrera de jugador y técnico nunca vi una atajada tan espectacular como la que le hizo a Candelo, por lo difícil que era reaccionar. Estuvo a la altura de una tapada del Mundial".
Por último, a la hora del adiós lo único que espera de su alumno regalón es que "sepa que estoy orgulloso de él, por todo lo que ha conseguido y conseguirá. Lo único que le pido es que se esfuerce mucho por triunfar en España y que tendrá una merecida recompensa".