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| 07 de Julio de 2006 | |||
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"No grité para que no llorara", recordó luego la progenitora
La historia, que de buenas a primeras parece increíble, ocurrió en la provincia de San Juan, cuando María de Cortez, de 18 años, se encontraba sola con su hijo y sintió que el parto era inminente. Como le fue imposible pedir ayuda, se tendió en la cama y comprobó que su guagüita ya asomaba la cabeza y uno de los brazos. "No podía moverme y apenas pude agarrarle una mano para que terminara de salir. Como no podía más, le pedí a Kevin que tirara del otro bracito para que naciera, y eso fue lo que hizo", narró luego la orgullosa mamita.
Pura calmaLa mujer explicó además que "yo le hablaba despacio para que me entendiera, y no grité a pesar de los dolores, para que no se pusiera a llorar".Una vez nacida la guagua, pero todavía unida a su madre por el cordón umbilical, María le pidió a Kevin que le acercara el teléfono, con el que llamó a sus suegros y esposo, quienes llegaron minutos después y, asesorados por cuernófono, cortaron el cordón. "Cuando entramos no lo podíamos creer. El bebé estaba en cama lleno de sangre, y fue ahí cuando Kevin empezó a asustarse y a llorar, porque todos estábamos muy nerviosos", explicó la abuela chocha de Kevin y Axel.
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