El abuelo de Yolanda Cartes construyó su casa en 1879, el año de la Guerra del Pacífico. Hoy día la vivienda ubicada en el pasaje Orleans, junto al Cementerio Católico, está a punto de convertirse en una isla en medio de puros muertos.
Lo que pasa es que el camposanto adquirió las casas de los vecinos para construir un cinerario, de esos donde los finados entran en un cajón y salen convertidos en cenizas en una cajita.
El calvario lo sufre Yolanda desde hace varios meses, pero la nueva tragedia es que los trabajos de demolición de las casas vecinas la tienen enferma de los nervios y casi muerta en vida. "No nos dejan dormir, trabajan día y noche, los fines de semana, y para más recacha levantan más polvo que la ñoña. Más encima yo soy asmática, así que me la he pasado en el hospital", se quejó ayer en medio de una nube de tierra.
Según la afectada, la única solución que le propone la administración del Cementerio es reubicarla en otro palacete, "pero me ofrecen unas casas mucho más charchas que la mía", acotó.
La única salida que ve la "Mujer Isla" es que le compren la casa, y a buen precio. Por eso pide 11 mil Unidades de Fomento para dejar los recuerdos de toda una vida, lo que equivale a casi 200 millones de pesos.
Y el drama de Yolanda sigue. Debido a la demolición, los guarenes que plácidamente vivían ahí tuvieron que apretar cachete. "Ahora vienen a morir a la puerta de mi casa, y son del porte de un chancho chico. En serio", confesó con asco.