02 de Julio de 2006
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Parejas jóvenes

 

Parejas jóvenes
Los jóvenes enamorados tienden a idealizar lo que vendrá para ellos en un futuro cercano o a más largo plazo. Se ven profesionales, con hijos, con una situación estable y con amor hasta para regalar. Y no es malo que piensen así, pero deben preocuparse de no exagerar. Hay que tener los pies puestos en la tierra.

Los adultos tienen una enorme posibilidad de ayudar a los adolescentes, ya sea en la etapa de tristeza como en esos eufóricos momentos en que a la edad temprana ya piensan en casarse o tener hijos.



Los primeros acercamientos sentimentales en la juventud están llenos de dudas y preocupaciones. La muchacha desconfía del muchacho, en lo que respecta a la verdad del compromiso, porque no desea ser utilizada en el tema físico (sexual). Él, en cambio, le teme a la infidelidad, por un asunto de machismo. Esos son solamente dos de los 'conflictos' a los que se enfrentan los adolescentes.

Esos temores lleva a que esa etapa esté plena de complicaciones para establecer relaciones positivas u óptimas. Así las cosas, los jóvenes discuten en exceso, terminan sus pololeos, lloran, se abuenan y son apoyados por sus amigos.

Nadie dijo que sería fácil vivir ese periodo.

Por lo mismo, cuando las cosas marchan bien, existe una positiva comunicación y pareciera que el contacto afectivo se encamina para toda la vida, comienzan las planificaciones. Muchas de ellas demasiado apresuradas.

ORIENTACIÓN

Los adolescentes requieren ser escuchados, atendidos y orientados. Todos los días viven confusiones en todos los planos de su existencia, lo que los lleva a reaccionar con molestia y aparente distancia con los adultos.

Esa conducta debe ser entendida por padres y familiares. Es cosa de recordar cómo cada uno de ellos vivió esos momentos de problemitas que parecían ser enormes dramas, dignos de la más llorada de las teleseries.

"Jamás amaré a nadie como lo amaba a él", "Nunca le perdonaré que me haya dejado", "Jamás debí pololear con ella, porque me habían dicho que era infiel", "¡Cómo fue capaz de terminar nuestra relación!", "Nunca en mi vida volveré a amar de la misma manera", "¡Soy el ser más infeliz de la tierra!", "Quiero vivir en silencio mi pena y no deseo que nadie se meta ni me diga nada", "Así es la vida y punto. Ahora me vengaré con los demás por lo que él me hizo". Las expresiones, sentencias y 'determinaciones' suman y siguen.

Es allí donde los jóvenes, mujeres y varones, deben encontrar alguien en quien confiar, a quien narrarle lo que les está ocurriendo, manifestar los dolores y penas, todo lo cual permitirá una 'tabla de salvación' para esos momentos difíciles que -para ellos- son lo más 'terrible' del mundo.

La tarea del adulto es escuchar. En lo posible, hay que evitar dar opiniones cerradas o intransigentes. Los jóvenes desean ser escuchados, más que alguien les diga lo que tienen que hacer. Ahora, si ellos solicitan la opinión, hay que tratar de ser lo más equilibrado posible. Nada de descalificar o tomar partido.

LOS SUEÑOS

Como se indicaba, hay parejas de jóvenes que logran superar con facilidad sus diferencias y se complementan en distintos planos de la vida. Son pololos, amigos, compañeros y desean estar siempre juntos. No solamente es el tema físico o afectivo, sino que descubren un horizonte comœn al que desean acceder juntos.

Así, y presas de un enorme optimismo, comienzan a planificar una vida juntos. A veces no pasan los 16 ó 17 años, pero ya estiman que lo que viene es el matrimonio, los hijos, el futuro comœn... pleno de felicidad y alegría.

Está claro que la mayoría de esos sueños juveniles no logrará materializarse en una vida en comœn, en una familia propia, pensada y proyectada desde los días del pololeo. Algunos sí lo consiguen, pero son los menos.

Es allí donde los padres y adultos de la familia también deben apoyar. Tal como en los momentos difíciles en que los adolescentes necesitan de un apoyo (hombro donde llorar), en esta etapa requieren de aclaraciones o de una orientación respecto de esos planes.

De la decisión de formar una familia a no cuidarse al tener contacto sexual y la llegada de una guagua... hay un paso corto.

Los jóvenes enamorados sienten la necesidad de expresar de alguna forma su amor, de materializar sus sentimientos y de demostrar 'al mundo' que ellos desean estar juntos para siempre.

Por lo mismo, un embarazo viene a cumplir esas expectativas, sin medir las consecuencias (término de los estudios, cuidado y atención del recién nacido, edad de la madre, riesgos, apoyo de los padres, etcétera).

Para cumplir el objetivo de que los jóvenes entiendan, no se los debe recriminar o cuestionar. Menos decirles que 'ya se les pasará'. Eso no hará otra cosa que estimular la rebeldía. El modo de operar es distinto.

Los adultos deben explicar las etapas de la vida, lo que es necesario realizar antes de casarse, estimular la posibilidad de viajes, de una profesión, de controles médicos para evitar la concepción. Decirles de buena manera que un hijo es un maravilloso regalo de la vida, pero que antes de esa llegada, las personas debieran sacar un título, viajar, capacitarse, disfrutar los distintos momentos como pareja.

Al igual que el punto de los conflictos, lo óptimo es evitar las imposiciones. Todo debe ser conversado amablemente.

Siempre habrá un porcentaje de jóvenes optimistas que llegarán al matrimonio, porque vislumbrarán todo color de rosa. Pero son los menos.

Por lo tanto, lo mejor es apoyarlos, orientarlos y comprenderlos, pero llevándoles siempre los pies a la tierra. Ese es el mejor respaldo.


 

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