Hoy debería partir mi reflexión así: Esta caña pelotera no se pasará ni con una tonelada de yastás, este hachazo al alma no tiene cura, la eliminación de Brasil dejó a los viudos del buen fútbol llorando sobre el ataúd de su derrota, asistimos ayer al funeral del juego más hermoso del universo.
Y debería nombrar en este obituario terrible, a los que cayeron en el cumplimiento del deber -de divertirnos-, nombrar a Ronaldinho, a Ronaldo, a Robinho, a Kaká... ˇPero no puedo, este dolor de cráneo me impide decir algo que no pienso!
Por motivos que desconozco, pero prefiero no dilucidar, había despertado en una caleta perdida al norte de Conce. Lo último que recordaba de la noche anterior, era que me pasé de la tanguería a un boliche en Franklin, en Chaguito y ahí se me apaga la señal... Bueno, miré el pueblo desesperado y corrí en busca de un televisor para ver el partido de Brasil, en quien tenía puesta toda mi fe y 3 botellas de ron apostadas.
Mis oraciones fueron escuchadas al leer un letrero: "El Jerry, Hoy, Brasil-Francia, cazuela, cañas...". ˇMilagro! Qué más podía pedir, sólo faltaba que los garotos pusieran lo suyo.
Cuando terminó la pichanga y vi el rostro de Ronaldinho más achacado que novia de telenovela, lo juro, también estuve a punto de soltar una lágrima. Pero, como me podía caer en el vaso y los machitos no lloran, me aguanté y apuré al seco el concho de pipeño.
Un viejito care'chicha de otra mesa, hizo un salú por Zidane, el gran Zidane. Y en realidad, pensé, el socio tenía razón: Brasil se fue en puros gases y ninguno de sus magos sacó conejos del sombrero. Al contrario, fue el franchute calvo, al que creíamos semi jubilado, el que deslumbró y mostró lo que los sedientos de fútbol queremos ver: Talento, cachaña, técnica y clase. La samba también se canta en francés. ˇSanté!