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| 02 de Julio de 2006 | |||
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"Era yo quien debía morir, no mi mami", llora la fatal Blanquita Al "Cabeza de Tula" le gustaba poseer a evas a la fuerza y ella se aburrió de ser su juguete. "Me puse como me pedía para salvar el pellejo" Manuel Vega O
La noche del viernes, Cabrera, alias "El Cabeza de Tula", abandonó la clandestinidad para lorear si Blanca, su ex pareja, había salido de su escondite y así consumar su venganza. O pasarle la factura a cualquier miembro de la familia por haberlo denunciado por secuestro y violación. El 9 de junio, con la colaboración de su hermana y un compinche, Cabrera llegó hasta la casa de la mujer que lo había echado a la calle tras un año de convivencia y a punta de pistola la obligó a subir a un auto. La trasladó hasta San Bernardo, donde durante tres días la mantuvo esclava de sus placeres. Según la policía, durante ese lapso Blanca fue violada y sometida a toda clase de torturas y jugarretas sadomasoquistas. Finalmente el forajido liberó a su presa bajo amenaza de muerte: Si lo denunciaba, se moría. A pesar de ello, la familia de la víctima denunció la infamia y la Fiscalía Sur y el OS-9 de Carabineros iniciaron una investigación. VENGANZA. Antenoche, el prófugo Cabrera, armado con un revólver, se caleteó tras unos arbustos en la esquina de Pasaje Buzeta y Cooperación. Pasadas las 20 horas, la madre de Blanquita, Raquel del Carmen Osorio Pincheira (54), cayó en la ratonera. Cabrera se le plantó por delante y tras preguntarle por el paradero de su hija le disparó dos tiros a quemarropa. Enseguida libró en direción a la casa de su propia vieja, doña Elcira, La "Chela", ubicada a seis cuadras, en Arturo Alessandri y Pasaje 5 de Mayo. Con los polis pisándole los talones, el delincuente se voló la cabeza de un plomazo. "Está bien muerto el chuchesumadre. Era más malo que el natre. Cada vez que caía en cana se echaba un cabro. Ellos son narcos. Su primera mujer, "La Chabela", la lleva hoy en Rancagua. - Pero igual te enamoraste del tonto...
- ¡Qué iba a enamorarme de ese viejo de mierda! Lo hice todo por plata. Me tenía como reina, vestida de pies a cabeza. A mí y a mi cabro, el Stefan (3). Llegaba a volar para satisfacer mis antojos por temor a que lo dejara.
- Porque tiraba con violencia, onda violeta a la dura. "Me gusta tener a las mujeres por la fuerza", decía. "¡Entonces cagaste, porque conmigo no vai a poder!", le chantaba yo a la primera. Un día no aguanté más, le saqué la cresta y lo eché. Cuando me secuestró quería matarme. Tuve que ponerme como me pedía para salvar el pellejo.
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