No es ninguna novedad, porque en todas partes la cosa se maneja con los pitutos. Y entre los árbitros internacionales también hay compipas que van en la pará con los guaripolas. Si no, no se entiende la cantidad de condoros que se han mandado los saqueros, incluidos los de este lado del conti, que no han estado muy atinados que digamos.
De más que nuestro Carlos Chandía habría hecho un papel más digno que el gringo Poll, que le mostró tres amarillas al mismo jugador o el ruso Ivanov, que echó a cuatro y amonestó a otros 16, un récord en los torneos mundiales.
Y qué decir del pepe Medina Cantalejo, que le robó a los australianos cobrando a favor de Italia un penal más mula que billete de tres lucas.
El tongua Joseph Blatter, que será suizo, pero no es un queso, está que arde con los pitos y comentó que el rusoski Valentin Ivanov "se ganó él mismo la amarilla". "No estuvo al nivel de los dos equipos", se la tiró el guaripola del fútbol mundial, que a esta hora estará preguntándose quién lo designó a este compipa.
Lo que más le chorea a Blatter es que después de tanto palo recibido en Corea-Japón 2002 por culpa de los árbitros, la Fifa puso especial énfasis en las nominaciones. Les hicieron más pruebas que a un astronauta, pero parece que no hubo ningún test de criterio, que es donde se han caído feo.