El vodka corrió a raudales como para bañar yeguas en toda Ucrania, para celebrar como el Pulento manda, la histórica clasificación de su seleccionado a cuartos de final. El representativo de una de las ex repúblicas soviéticas es debutante en un mundial y esta vez de la mano del otrora astro pelotero Oleg Blokhin, se instaló entre los ocho mejores equipos del orbe.
Claro que los merecimientos no fueron muchos y sólo se anota en su favor la efectividad en los lanzamientos penales, en los que Suiza no achuntó ni uno, aunque se fue del torneo sin recibir ni una pepita de juego.
En el primer chute falló el artillero del Milan Andrey Schevchenko y se pensó que se le venía la noche a Ucrania. Pero Artem Milevsky, Sergey Rebrov y Oleg Gusev dejaron patuleco al portero suizo Pascal Zuberbühler. Los helvéticos, en cambio, anduvieron parejitos para errar. Primero Marco Streller, luego Tranquillo Barnetta y sentenció el bochorno Ricardo Cabanas. En los 90 minutos del tiempo reglamentario ambos equipos mostraron pocazo fútbol, característica que se prolongó en los 30 minutos de alargue, convirtiendo la mocha en la más pencahue del Mundial. Para el bostezo, más fome que choque de globos.
Ucrania enfrentará en cuartos de final a otro mediocre: Italia, que ganó a la maleta.