- No corte, jefe, por favor.
- Me estoy yendo... a Punta Arenas. ¿Quién parla?
- Una apoderada del Colegio Chile, en San Miguel. Tengo a mi hijo en sexto básico con jornada completa y temo que si doy mi nombre me lo expulsen.
- ¿Y por qué? Si la denuncia es seria las autoridades del plantel deben apechugar...
- Resulta que los niños se están llenando de piojos y nadie hace nada.
- ¿Tanto así?
- Hemos conversado hasta con los inspectores, pero ellos también se andan rascando.
- ¿Y nadie le pone el cascabel a la liendre?
- Figúrese que los niños hasta ven cómo los bicharracos saltan de un pupitre a otro.
- No siga, que me está dando cosa.
- Lo que me tiene choreada, como apoderada, es que producto de esto a los alumnos no les pasan el casino y les sirven la colación en las salas de clase.
- Ahí sí que estamos mal.
- Ojalá la dirección del establecimiento se pegue los alcachofazos con mi denuncia y enfrente el problema.
- De eso se trata, señora. Esperemos a ver qué dicen.