"Alcohol, alcohol, alcohol... Hemos venido a emborracharnos, el resultado nos da igual". Ese era el canto emblema de los pepes que se tomaban Leipzig pa ver a los hispanos. Aunque no crean que eran taaan prendidos, pues como buenos europeos, son medios chantas pa meter ruido.
Claro que entre tanto pepe, aparecio el clásico, Manolo. "Este es mi séptimo Mundial", contaba orgulloso bombo en mano. Claro que muchos le decían que lo dejara en España nomás el bombo y se pegara en la guata. La gamba debe sonar igual de fuerte, es cosa de ponerle unos parches por dentro. Como sea, Manolo le tiene más fe que a una mocha de curaos en matrimonio de peloteros a su país. "Es que hemos tenido mala suerte. El pasado nos eliminó un árbitro. Antes, en Italia, Tassotti dejó sangrando a Luis Enrique. Asi no se puede, chaval", comentaba.
Y con Manolo de guaripola gilipollas se creó marea roja, harto más charcha que la que se arma en el Nacional pa ver a Chilito. Claro que ahora gritaban "4 a 0, 4 a 0, 4 a 0". Se agrandaron.