Inglaterra no sólo tuvo que luchar contra la gran muralla de los negritos de Trinidad y Tobago, a los que venció por 2 a 0 para pasar a los octavos de final con seis puntitos (también ganó a Paraguay), sino que también contra su ratonil técnico Sven Goran Eriksson. Claro, si bajo su mandato hasta los excelentes volantes Lampard y Gerrard parecen malos y muy lejos de sus rendimientos en el Chelsea y Liverpool, respectivamente.
Está claro que hasta la Reina Isabel salió a festejar a la Plaza Baquedano que tienen los ingleses en Londres por su clasificación, pero quedaron con mansa interrogante por el pobre juego de sus regalones, donde se dedican a correr, marcar, luchar sin claridad alguna; sólo métale pelotazos para que el pailón Peter Crouch le meta el zapallo. Por suerte, el palillo de casi dos metros de largo esta vez tocó el cielo al anotar de cabeza el gol que abrió el candado de los caribeños, de lo contrario aún estarían meta centros a la olla.
Con la pepa de Crouch (83'), luego del enésimo centro de Beckham, los negritos se abrieron como una cualquiera para poner los ojitos blancos con el empate y así seguir soñando con la clasificación. Pero sus sueños se fueron de un porrazo al suelo cuando Steven Gerrard dejó pato al buen portero Hislop en los descuentos.
Aunque Goran Eriksson metió cuco con el guatón Wayne Rooney, no pasó nada con el buen juego anunciado por los ingleses antes del torneo. Están clasificados pero les falta caleta para soñar con el título, mientras que los caribeños tienen que golear a Paraguay y soñar que Inglaterra le haga boleta a los suecos, que sumaron cuatro puntos.