Los brasucas se tomaron Berlín. De tempranito que empezaron a hacer sonar sus batucadas pa' mover el cucu. Les falta trasero eso sí a las garotiñas... les faltan 2 centímetros pa' llegar a la gamba veinte, uffff... Por eso un viaje en S-Bahn (tren urbano) al Olympiastadion se transforma en sambódromo. Y claro, a quienes más sorprende ese ritmo es a los paquetones europeos, que son apagados y fomes. "Maluco, maluco", cantaban las minurris, mientras un grupo de croatas miraban chela en mano sin saber qué responder. Hasta que una morena le levanta el pulgar a un balcánico por sus zapatillas que decían "Croatia" y se armó el carrete, papá.
El lindorfo se mete entre cuatro brasileñas pa' sacarse una foto. Y el resto de los califas empieza a entonar un himno que las garotas escuchaban y se hacían las dormidas. Más fomes que humorista del reality show de Kike Morandé.
En eso se subieron un ucraniano con la polera de Schevchenko y un franchute con la de Zidane. Cachando el ruido de los pitos y la onda carnavalera que había, se fueron al principio del vagón, se agacharon y empezaron una cuenta regresiva: "Three, two, one..." y se paraban haciendo la ola hacia el resto del tren. Todos prendían, lógico. "Otra vez", pedían las ricuras, entusiasmadas... con los pies grandes.
Claro que al final igual terminó prevaleciendo el meneo de una cinturita de 50 centímetros. Así que a los mastodontes no les quedó otra que rendirse y empezar a cantar al ritmo carioca "Hexacampeao".