Más golpeados que una piñata terminaron dos primos de los trigos sucios que intentaron tirar las manos en un auto que se encontraba en pana, sin cachar que el dueño estaba debajo del bólido haciendo reparaciones. La víctima se dio el festín de su vida, ya que les aforró con una llave pico de loro hasta quedar con el brazo acalambrado.
El brutal castigo se lo ganaron merecidamente Hernán Guillermo Tapia Morales y Mario Guillermo Lillo Morales, ambos perlas de 27 pepas.
El fin de semana los pasteles merodeaban cufifos por calle Arturo Fernández, en Iquique, y les llegaron a brillar los ojitos cuando vieron que en la maletera abierta del auto sobresalía una caja de herramientas súper cachilupi.
Los muñecos se sobaban las manos y ya pensaban en cuánto la iban a vender, sin advertir que debajo del vehículo sobresalían dos patitas. Era el dueño del toco, quien al ver a los maleantes no dudó en enfrentarlos.
Los rupertos huyeron, pero el automovilista los persiguió junto a un amigo. En el cruce con calle Riquelme los empapelaron a xuxadas y luego les dieron un festival de aletazos y chuletas. En eso llegaron los polis, que se llevaron preciosos a los emparafinados.
Hernán Tapia deberá firmar y Mario Lillo quedó a la sombra por 61 días por cuentas pendientes.