21 de Mayo de 2006
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Convivencia juvenil
Texto: Rodrigo Zavala Molina.



Opción de dos
* Decidir vivir con la pareja es una opción que debe tomarse de a dos personas, de manera conciente.

* La cotidianidad suele presentarse como un escenario repetitivo. De ambos depende encontrar nuevas formas de compartir, divertirse y amarse.

* La convivencia debe ser un fin en sí mismo, y no un modo de “ensayo” para ver cómo es la vida en pareja.

* Muchas veces, las pasiones mueven al ser humano. Se recomienda siempre equilibrar los sentimientos con el pensamiento más racional, para evitar posibles consecuencias negativas.

* Vivir en pareja puede ser una experiencia muy enriquecedora, que prepara a la persona en otro plano de las relaciones amorosas.

* Todas las relaciones son distintas.

Por lo mismo, se debe valorar a la persona por sí misma, como una experiencia particular e irrepetible.

Alguna vez fue mal mirado, pero ya no. Muchos son los jóvenes que deciden convivir con su pareja, incluso sin tener planes próximos de casamiento. Ellos se ven al levantarse, por la tarde y al acostarse. Igual a un matrimonio, pero no están casados. ¿Es enriquecedora esta rutina o termina desgastando la relación? Los jóvenes que optan por la convivencia se enfrentan a dos escenarios opuestos: que la vida en pareja les enseñe cómo enfrentar los problemas, fortaleciendo la comunicación y la confianza mutua. Por el contrario,podría significar el descubrimiento de personalidades ocultas que afloran sólo en el diario vivir.

Es importante tomar conciencia de lo que significa vivir juntos. Cuando una pareja no está emocionalmente madura, muchas veces suele tener roces cotidianos que derivan en el fin de la unión. Por el contrario, si dos personas tienen proyectos y objetivos claros, esta suele ser una experiencia enriquecedora.

A Numerosas parejas de jóvenes que conviven declaran que esa decisión constituye una gran prueba, porque se generan roces cuando uno de ellos no se acostumbra a los hábitos del otro. Lo positivo: la posibilidad de sentirse cerca y compartir con total libertad.

Es común que en muchas de esas parejas la idea del matrimonio ni siquiera esté en los planes a largo plazo.

Para los que así piensan, se trata sólo de una experiencia de vida o un modo de “probar” qué tan compatibles son dos personas como pareja.

Cuando la idea de convivir llega a la cabeza de los jóvenes enamorados,todo es idílico: tendrán la oportunidad de verse a diario, de conversar sobre lo que hicieron en el día, de compartir las comidas y -por si eso fuera poco- dormir juntos. Sin embargo,muchas veces la realidad supera a los sueños, y esa convivencia se torna insostenible. Por lo mismo,una de las claves para tomar esta decisión es tomar conciencia de lo que realmente significa.

LA CLAVE ES LA MADUREZ

Muchos jóvenes ven en la convivencia un modo que los acercará a lo que se vive en el matrimonio. En estos casos, suele haber acuerdo sobre una futura unión conyugal. Por lo general, aquellos que optan por este tipo de relación son personas maduras emocionalmente, con proyecciones claras y con intenciones de formar una familia.

“Cuando las parejas están preparadas para enfrentar un compromiso grande, para ser responsables y tomar decisiones, generalmente la convivencia es una opción satisfactoria que los ayuda en el proeceso de conocimiento y aceptación total de la pareja”, aclara María Victoria Reyes,diplomada en ciencias de la familia y directora del Área de Asistencia de la Fundación Chile Unido.

Pero también existen jóvenes que están en pleno proceso de enamoramiento.

Para ellos, todo es un jardín de rosas, por lo que muchas veces dejan de lado los problemas que podrían provocarse al tomar este tipo de decisiones. Ellos se mueven influenciados por la pasión o por las ganas de emanciparse emocional y sexualmente, pero no por un compromiso profundo.

Al no estar maduros emocionalmente,la convivencia se torna en un asunto díficil de sobrellevar, porque cuesta equilibrar los intereses propios con aquellos que tienen relación con el bienestar de la pereja. ¿Quién realiza una labor determinada? ¿Cómo lo harán para dividir las funciones? ¿Qué reglas pondrán? Todas estas son preguntas que los muchachos de menos edad no responden satisfactoriamente.

CADA COSA A SU TIEMPO

Los jóvenes no tienen que sentirse culpables por no poder responder a este tipo de relación, porque es un hecho que -a esa edad- están viviendo otros procesos (maduración física y emocional, identificación con la vida) y no pensando en casarse o formar una familia.

“Hay algunos que se dan cuenta de esto después de que han decidido irse a vivir con la pareja. Lo importante es evitar eso, para que no haya terceras personas dañadas”, señala María Victoria Reyes.

La experiencia muestra que los jóvenes que viven un proceso de enamoramiento,conocimiento afectivo y sexual y, luego, de convivencia, tienen más posibilidades de desarrollar sentimientos y pensamientos responsables.

Esto no necesariamente tiene relación con la edad física de las personas,sino más bien, con la madurez emocional, la que se alcanza por las experiencias de vida.

Por todo lo anterior, cuesta sentenciar si la convivencia refuerza o aleja el amor. Muchos son los casos de personas que han encontrado una magnífica forma de vida, así como otros fracasan. Como en todo tipo de relación, no hay clave que sea completamente efectiva, aunque se puede partir del concepto de que
-más allá de la convivencia por sí misma- hay que reflexionar sobre la madurez propia y los motivos que llevan a tomar esta decisión tan importante.


 

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