Cada vez que aparece en el juicio que se le sigue en su contra, Saddam Hussein hace noticia. Ayer admitió que fue responsable de la muerte de más de 100 chiítas que en 1982 se lo quisieron echar y que el responsable de todas las yayas de su dictadura es sólo él.
El ex mandamás de Irak admitió haber arrasado con sus propiedades para apresarlos y que, después de un juicio, se les halló culpables de intento de asesinato y se les condenó a la pena de muerte.
"¿Dónde está el crimen? -alegó Hussein-. Fui atacado con una metralleta a una distancia de unos 50 metros, las balas pasaron tan cerca, yo mismo vi las balas", afirmó acompañado de siete de sus ex lugartenientes.
Quiso que los demás condenados libraran piola por la matanza: "Yo firmé la destrucción de las granjas de aquellos que fueron condenados. Firmé porque fue un incidente en mi contra. Ahí hay un jefe de Estado, júzguenle a él y dejen vivir a los otros. Soy Saddam Hussein. Yo estaba a cargo del país. Y sólo porque las cosas han cambiado no voy a decir que otra persona fue responsable".
Para que no quepan dudas, remachó con que "hace 35 años soy vuestro Presidente y todavía lo soy". Y qué jue.