Como loro en el alambre se encuentra doña Orfa Martínez, una portomontina de 78 pepinos que fue condenada por un juez enfermo de estricto a pasar 30 noches confinada en el chucho.
El caso, que ha provocado gran revuelo en la capital de la Décima Región, se originó luego de que el magistrado Manuel Pérez Sánchez le impusiera ese castigo a la abuelita, pues ella no podía pagar la multa de 17 millones de pesos que se le aplicó al ser hallada culpable de corte ilegal y venta de madera de alerce.
"Estoy enfermita, tengo hipertensión arterial, así que si debo irme a la cárcel seguro que allá me voy a morir", dijo ayer toda urgida la nonita, quien vive junto a su marido de 84 pepas en un predio ubicado en el sector denominado Colonia Alerce.
Hijo del año
Debido a la avanzada edad de la mujer, el juez le propuso a su hijo, Helmuth Contreras, que fuera él quien apechugara con la reclusión nocturna. "Al día siguiente me pidió una audiencia y argumentó que tampoco podía hacerlo porque trabaja en la provincia de Palena", contó el magistrado.
El hombre que imparte justicia por esas latitudes precisó que hasta ahora no ha dictado una orden de detención en contra de la tecla, ya que está a la espera de los exámenes de salud que se le practicaron a fin de tomar una decisión sobre el tete. Esto, en el marco de un requerimiento presentado por la familia de la mujer y que se basa en la Ley 18.202, que en su artículo 10 establece la posibilidad de canjear la condena de reclusión nocturna por arresto domiciliario o arraigo comunal para aquellos condenados que tengan más de 70 años.