|
|
| 05 de Febrero de 2006 | |||
|
|||
| BLOG | CONTENIDOS | CRÓNICA | LA VUELTA AL MUNDO | LA CUARTA DEPORTIVA | LA CUARTA ESPECTACULAR | MAGAZINE | LA PAPA |
|
Esfuerzo y superación Cuando los jóvenes comienzan a asumir responsabilidades, deben tener alguien que los apoye y los motive a tomar las mejores decisiones. A veces, los padres no cumplen esa función y los adolescentes no eligen bien a quien contarle lo que está pasando con sus vidas. La pareja se organizó bien y acaban de iniciar su luna de miel, ya que cuando se casaron -en noviembre- Amalia estaba en pleno proceso de pruebas en la universidad, pero no quisieron postergar la fecha. "Ahora que nos vamos a desaparecer por dos semanas, queremos contar -con toda confianza- todo lo que vivimos; que no fue muy grato que digamos, porque yo estaba demasiado confundido. La sicóloga me explicó que ese estado me llevó a perjudicar la relación, pero que supe ponerle punto final a tiempo", explica Andrés. Añade que, "todo comenzó con la separación de mis padres, porque eso fue muy sorpresivo. Nunca, con mis dos hermanas menores, vimos nada malo entre ellos, hasta que mi papá se fue de la casa. Yo tenía 15 años. De ahí comencé de un problema a otro. Menos mal que no me dio por las drogas o la delincuencia, porque ahí todo hubiese sido mucho más grave".
EL IMPACTOLos padres de Andrés se separararon y eso provocó severos cambios en la familia. "Mi papá conoció a otra señora y se fue con ella. Así, mi mamá se quedó con nosotros y con una pena que le costó mucho superar. Incluso, creo que todavía no lo supera de verdad o completamente. Yo estaba por cumplir 15 años y mis hermanas tenían 12 y 7, respectivamente. Para ellas fue menos doloroso, porque mi mamá se abocó a protegerlas y a estimularlas para que no sufrieran el golpe. Mi vieja no puso ningœn problema para que pudiéramos salir con mi papá y el asunto de plata se arregló a través del tribunal. Al comienzo, de hecho, a mi hermana chica le dijimos todos que nuestro papá trabajaba fuera de Santiago y por eso no podía vivir con nosotros. Mi mamá se apoyó mucho en mí. Era yo quien la consolaba cuando ella se ponía a llorar o estábamos cortos de plata. No fueron días buenos, porque yo estaba en segundo medio y lo más que podía hacer era ayudar algunas horas y el fin de semana a un tío, en su taller mecánico. En todo caso, eso me fortaleció harto, aunque igual todo el día pensaba y pensaba en lo que ocurriría con mi familia", expresa el joven.Añade:
"Había días en que me encerraba en mi pieza y no atendía a mi mamá, porque siempre era yo el que tenía que atenderla, cuando yo también necesitaba que alguien me escuchara. Ella captaba ese desaire y le daba mucha más pena, mientras yo me quedaba con un fuerte sentimiento de culpabilidad. No fueron años buenos, pero igual apechugué. Me hice sœper introvertido y no tenía amigos ni polola. En el taller conocí a un tipo de 23 años, en ese tiempo, quen era muy bueno para carretear, tenía varias mujeres que lo iban a buscar y con lo que ganaba se las ingeniaba para vestirse bien y atender su moto. Era como canchero y fuimos congeniando. Mi tío siempre me decía que no me juntara con él porque era muy lanzado a la vida. Yo pensaba que eran bromas o mala impresión nomás. Así, nos hicimos amigos con este tipo". "Sin darme cuenta, perdí mi virginidad con una prostituta y comencé a fumar, tomar y a salir tupido y parejo. No escuchaba lo que mi mamá me decía. Tampoco lo que me regañaba mi tío. Ese periodo lo tengo como borrado en cuando a lo que decía o hacía en mi casa o en el trabajo. Para mí, todo era pasarlo bien. El tercero lo pasé 'raspando' y a mitad del cuarto me cayó la teja. Incluso, dejé el trabajo de mi tío y me fui a ponerle el hombro en una bodega, donde me tocaba cargar bultos, fierros, etcétera, pero eso era nada para mí. Lo más importante era lo otro. Con ese compadre fuimos adquiriendo lazos de hermano, porque él hasta me pasaba sus pololas cuando él se aburría de ellas. O sea, en resumen, comencé a vivir muy joven lo que otros viven cuando ya son mayores".
CRISISLas dificultades que Andrés fue encontrando en su vida, trató de solucionarlas conversándolas con su 'amigo'. Así, fue él quien le dio la receta para controlar una enfermedad venérea, que más tarde tuvo que atender un médico, porque se complicó.También, su compadre le enseñó que había que ser muy celoso con las mujeres, "porque mientras más las controlai, menos posibilidades tienen de ponerte el gorro. Tampoco hay que dejarlas que hagan lo que quieran: hay que decirles más veces no que sí". Su mamá, persistente, le conversaba lo importante que era el tener una carrera, para enfrentar mejor el mundo. Así, ella organizó los dineros del hogar y logró que Andrés estudiara computación. "Mi vieja me hablaba de responsabilidad, de hogar, de hijos y todos esos temas que uno no quiere escuchar a los 18 horas. Yo, con tal de no tener que trabajar todos los días, acepté estudiar. Me fue mal al principio, pero después seguí dándole, porque ya estaba hinchado con mi mamá y quería plata para irme. Sé que me porté como la mona en todo ese tiempo, pero mi vieja no desmayaba en tu objetivo. Yo había cambiado mucho. Tenía cero onda con mis hermanas. Jamás les ayudé en una tarea. A mi viejo lo evitaba al máximo, aunque sabía que él seguía preocupado por nosotros. Cuando yo tenía 22 años, él regresó a la casa. Mi mamá nunca tuvo a otro tipo, así es que fue como devolverle la vida. Ahí encontré la excusa para irme y me liberé". Andrés se emociona por ese periodo de su vida. "Me cuesta acordarme de ese periodo. Todo era carrete y la plata se me iba en financiarle los vicios a los que yo creía que eran mis amigos. Es re' penca acordarse de ese periodo, pero lo importante es que un día conocí a la Amalia y todo comenzó a cambiar. Yo le gusté y ella me respondió en positivo. Empezamos a pololear, pero ella se vivió lo peor, porque se enamoró de mí y no fue capaz de controlarme durante un buen tiempo. Yo la celaba, la dejaba vestida y no la iba a buscar, no la acompañaba nunca. Me curaba con mis amigos y después le mentía. Si se enfermaba, ni siquiera la iba a ver a su casa. Fue un tipo canalla. Ella siempre me atendía bien. Sus padres no me aguantaban, pero me los gané haciéndome el simpático. Para mí era como un juego de la vida, así como el nombre de una telenovela".
"ME ENAMORÉ"La vida le demostró a Andrés que no siempre se puede hacer lo que se quiere."Durante todo el primer año le puse el gorro a la Amalia. Ella como que cachaba algo, pero nunca me lo dijo de manera directa. Hasta que llegó el día. Claro, ese momento en que ella se aburrió y me dijo que no quería seguir más conmigo. Yo le dije, 'chaíto, nomás'. Y seguí con mi vida. Claro que no me duró más de dos semanas. Sin darme cuenta, comencé a echarla de menos. Mis amigos me decían que era normal, porque era como un tema del orgullo herido, que a todos los hombres les pasaba lo mismo. Pero yo sentía que era algo más. No dormía nada y pensaba siempre en ella. Me fue pésimo en los estudios y me echaron de la pega por faltar mucho. Así las cosas, un día me di valor y me fui a la casa de mi vieja. Ahí conversé con ella muy largo. Ella me dijo que me quería como yo fuera, pero que era posible que cambiara. Que entendiera que mirar el lado malo de las cosas no era bueno. Que de pronto había que confiar en las personas. Ahí, como que todo fue iluminación, porque conversamos como tres horas sin que nada ni nadie nos molestara. Su consejo final fue: 'busca a Amalia, dile que la amas y que no quieres volver con ella ahora; sino que quieres demostrarle que vas a cambiar'. Así lo hice. Se lo escribí, porque ella no quería verme". Andrés habló en su instituto y lo ayudaron para que consultara con una sicóloga. En ese proceso le fue posible entender todos sus rencores y lo que realmente quería para él. Tenía miedo a consolidar cualquier cosa, porque temía al fracaso. Lo de sus padres lo tenía marcado a fondo. "Me puse las pilas con todo. Me injertaron un pelet para el alcoholismo, le pedí ayuda a mi tío para tener pega y comencé a recuperarme en los estudios. Todo eso incluyó que me fuera de la pensión donde estaba. Regresé a mi casa y agarré buena onda con mis hermanas, mi papá y mi mamá. A veces me decía: '¿Será que me voy a morir que todo se está dando tan bien?'. Al tiempo fui viendo los frutos. Le escribía a Amalia todos los días, contándole mis avances. Así, ella me perdonó y volvimos. Yo ya era otro. Así, reiniciamos nuestro amor, hasta que nos casamos en noviembre. Yo cuento mi caso, porque sé que cientos de lectores de LA CUARTA pueden estar viviendo situaciones iguales o peores a la mía. A todos ellos les digo que sí es posible retomar el camino responsable, porque es para uno. ¿Quién lo hubiese dicho que estoy a punto de ir de luna de miel? La superación requiere de esfuerzo. Nada es fácil, pero la recompensa es grande. Uno se siente más sólido. Y la familia no se merece que uno se comporte así. Yo elegí mal a mis amigos, pero tomé las riendas al poco tiempo. ¡Eso es lo que se debe hacer!".
|
|
|