Para su dueño ha sido como recuperar a un hijo después de casi cuarenta años de ausencia. Alan Poster ha estado saltando en una patita desde que supo que tenía como parentela al señor Salvador Cuevas Rajuelis.
El ahora carreteado Corvette fue en su momento un cototo deportivo recién comprado y que fue guachipiado cuando alguien entró en el garaje del barrio neoyorquino donde vivía y se lo llevó impunemente. Su propietario denunció el choreó, pero nunca más supo de su caro capricho. Hasta ahora. "No sé por qué ha vuelto a mí, pero el caso es que ha vuelto".
Y fue gracias a la policía de aduanas que lo interceptó cuando estaba a punto de emigrar en barco hacia Suecia.
Sus datos coincidían con los de un vehículo robado en 1969. El comprador no sabía nada, tampoco la persona que se lo vendió en Texas, ni su propietario anterior en Nuevo México. Era azul cuando lo robaron y ahora es gris. Antes iba como una flecha y ahora le faltaba parte del motor. Alan prometió restaurar el Corvette y regalárselo a su hija.