Con el alma en vilo por la salud de su chicoco se encuentra María Martínez, madre de Bastián, uno de los dos peques que aún permanecen internados graves en el Hospital Luis Calvo Mackenna en espera de un trasplante de hígado.
Oriunda de Puerto Aysén, esta mujer no se ha despegado de su vástago desde que fue internado en el recinto asistencial, el 15 de noviembre.
"Tengo miedo, mucho miedo por lo que vaya a pasar" dice María frente a la posibilidad de que el chiquiturri no sea trasplantado a tiempo. El peque, de dos pepitas, tiene la primera prioridad nacional para recibir un nuevo hígado, después de dos trasplantes que resultaron incomplatibles a su frágil cuerpecito.
Pero pese a la complicada situación, María cree que el de arriba no le va a fallar. "Le prometí a Dios que si mi hijo se salva de ésta, lo voy a vestir un año entero de blanco. Espero que me escuche", contó mientras enseñaba una foto de su Squerubín.