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| 06 de Enero de 2006 | |||
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Pobladores lo han convertido en la mascota del barrio y hasta le soportan sus pataletas Fantasma bueno pa' la talla la revuelve en Lo Prado Tiene pinta de cabro chico y es amigote de medio mundo en la población Caupolicán. Curita es el único que lo llama al orden Roberto Mario Gasc
Nadie conoce su origen de este "Gasparín" criollo que visita todas las casas y que cuando algo le parece mal, se enoja al grado de que hay que llamar al curita del barrio para que le baje los monos. Es tan querido que ya no asusta a nadie. "Estamos tan acostumbrados a su bulla y a que se nos aparezca que ya no lo inflamos", nos cuenta Carmen Marín, una vecina del barrio. Este "angelito", como también le llaman, visita todas las casas de la pobla. "Es amigo de todos, es parte de las familias. Incluso cuando no hay ruidos lo extrañamos", aseguró Carlitos Rojas. La cabrería cacha de una cuando el niño fantasma está en casa. "Se sienten correr unas bolitas por el suelo, se mueven algunas cosas o nos llega una suave brisa", apuntó Jaime Pérez, otro vecino que se integró a la chachara con el diario pop. Pero no sólo se hace notar por sus ruidos. Carmen Marín lo conoce y de cerca. "Sí lo vi. Es de pelo negro, tez blanca y no tiene más de 12 años. Le gusta jugar entre el baño y la cocina de mi casa", contó como si nada. "Cuando se enoja, apuntó Carlos Rojas, mete mucha bulla. Una vez estaba tan choreado que llamamos al padre Robinson, de la Parroquia Santa Guadalupe, para que lo ubicara. El curita se pegó una rezadita y el angelito se calmó. Así de simple".
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