Un alud enterró ayer a una aldea en el centro de Indonesia bajo toneladas de barro y piedras, elevando a más de 170 el número de personas desaparecidas, presumiblemente muertas, tras varios días de lluvias intensas.
Vecinos y la policía removían ayer desesperadamente con sus manos los escombros en Cijeruk, donde se cree que murió hasta un centenar de personas. Helicópteros se llevaban a los heridos de Jember, hacia el este, donde inundaciones repentinas causaron por lo menos 77 muertes en los últimos días.
Algunos vecinos de Cijeruk huyeron para ponerse a salvo al escuchar un rugido en la colina de 50 metros de altura que se alza sobre su aldea rural, horas antes del desastre del miércoles.
Otros estaban en sus casas, durmiendo o en medio de oraciones musulmanas, cuando el alud de barro, piedras y árboles caídos se deslizó por las laderas poco antes del amanecer, dijo el agente de policía Budi Warityo.