"Me quemé tía... me duele" fueron las palabras pronunciadas por Miguelito Ángel Rosales, de siete añitos, cuando aún consciente, pero con el 80 por ciento de su cuerpecito quemado en un incendio de una bodega de su casa sanmiguelina, ingresó al Hospital Exequiel González Cortés, la madrugada de ayer.
"Ahí está resistiendo" dijo horas después a La Cuarta el padre del peque, Miguel Rosales (en la foto) entre sollozos y notoriamente afectado."Yo no sé qué pasó. Estamos re mal, no puedo ni hablar. Esto no se lo doy a nadie".
El pitufito está sumamente grave en la Unidad de Tratamiento Intensivo (UTI) con peligro de muerte, según informó la doc María Luisa Nalegach. "El niño sufrió quemaduras gravísimas en su cara y tórax, las extremidades y las vías aéreas. Estamos en las horas críticas" dijo al diario pop.
El brocacochi se quemó después de estar jugando con fósforos en una bodega en la que había productos químicos que se inflamaron dejando la mansaca.
Al ver lo que pasaba, su abuelita lo sacó de entre las llamas resultando también con quemaduras de diversa consideración. Fue ella misma quien lo llevó al hospital, luego fue trasladada al Barros Luco donde la dieron de alta.