Gustavo Viveros es el primero de un auténtico clan del peloteo chileno. Ese que, veinte años después, también integran sus sobrinos Ricardo, quien defiende a Universidad de Concepción, y Juan Francisco, delantero que la temporada pasada jugó en Santiago Wanderers.
"El fútbol se lleva en los genes. En mi familia, todos tenían condiciones y los niños crecieron en un ambiente muy ligado a este deporte. 'Pancho' es mi ahijado y partió su carrera en Deportes Concepción, aunque terminó yéndose a Huachipato. Y con Ricardo sucedió algo parecido. Para ellos fui un espejo", comenta enteramente chocho mientras adelanta que la tradición no se detendrá. "Hay otros sobrinos que pronto darán que hablar", anticipa.
La carrera del talentoso mediocampista ofensivo consideró las camisetas de Concepción, Rangers, Magallanes y Unión Española. Con los pepes dio la vuelta olímpica en 1973, dirigido por Luis Santibáñez. "Unión era un grande. Para jugar ahí había que rendir. También le tengo mucho cariño a las campañas que cumplimos en Concepción a principios de los '70. Teníamos un equipo respetable, pero el plantel era 'corto'. Y en Magallanes fuimos la primera versión de los 'comandos'", repasa. Para ponerle la guinda a la torta sólo le faltó jugar en el extranjero. "Tuve una opción en Portugal, pero Abel Alonso no quiso venderme para no despotenciar el equipo, según me explicó", recuerda. También defendió a la "Roja". "Quedé contento, porque la camiseta nunca me quedó grande", se quiebra.
Después de colgar los chuteadores, ha dirigido en divisiones inferiores y ha sido ayudante técnico de Luis Marcoleta en la U. de "Conce" y de Oscar del Solar en los "lilas". "Para dirigir un equipo se tienen que dar las condiciones. Debe haber un proyecto que deje claro hacia dónde irá el club. Y eso rara vez ocurre", analiza.