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| 12 de Diciembre de 2005 | |||
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Pintamonos porteño sudó más que geisha en temporada alta Viejujo Pascuero bajó como siete kilos
Se trata de Rigoberto Martínez, un comerciante porteño con un alma de este porte que lleva cinco años llevándoles regalos a peques enfermitos de hospitales de la zona. Ayer salió con su inconfundible vestimenta a pedir la ayuda de la barra para cumplir con su benefactor objetivo. De pronto, según contó a La Cuarta, se acordó de que también tenía que cumplir con sus derechos cívicos y agarrando los renos enfiló hasta el recinto de votación, acompañado de su pequeño hijo vestido de duendecillo.
El sacoTan simpática y querendona fue la cosa que ni los oficiales de la Armada ni los encargados del local pudieron impedirle que entrara para hacer la rayita y entintarse el dedo gordo.Claro que nose escapó de una severa revisión del saco, donde sólo encontraron puros regalos. Papá Noel pasó su carnet al presi de mesa quien, después de cachar de que estaba legalmente inscrito, le pasaron los votos y le permitieron que ingresara a la caseta para ponerle bueno a sus candidatos a diputados y Presidente. "Jo jo jo, feliz Navidad", dijo después de entintarse el dedo, con lo que conquistó el alma de todos los votantes que a esa hora esperaban su turno en la mesa 119.
AlegríaCuando se retiraba dijo que "esperamos sensibilizar a la gente porque es importante llevar alegría a quienes no pueden disfrutar y pasan por malos momentos. Ojalá nos ayuden para llevar más sonrisas a los hospitales". Luego subió a su carro y se perdió en medio de los cerros porteños.
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