04 de Diciembre de 2005
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Emilio Silva sufre por dejar a los entrañables seis "amigos" que hizo trabajando en la Línea 4 del Metrolio
Cachupines vagonetas robaron cuore a titán de la constru
Marcelo Garay

Más triste que un bolero quedó este fin de semana el obrero Emilio Silva (50), pero no porque se le acabó la pega en la construcción de la estación Plaza Egaña de la nueva Línea 4 del Metro. Es que el fin de las faenas lo obligó a separarse de seis quilterries callejeros a los que cuidó durante los dos años que sudó como pañuelero en las obras.

El hombrón ama a los alimalitos y cuando empezó a ponerle pino en las faenas del ferrocarril metropolitano acogió a los cachupines vagonetas, a los que bautizó como "Negro", "Chocolate", "La Negrita", "Cholo", "El Niño" y "Gay", todos enteros cuáticos, pero bacanes compañeros. Con ellos compartió su propio manye y cuando la vianda venía poblete tiraba la mano a las sobras que dejaban los demás titanes de la constru.

"Se arrancharon conmigo y me preocupé de darles comida todos los días. Claro que por ahí tuve que echar mano a los huesitos en el tacho de la basura. Yo tengo seis poodles en mi casa, que son de raza, pero los perritos de la calle me parten el alma", contó achacado.

Al borde de la lágrimas, don Emilio contó que lo que más lo amarga es que los canes quedarán tirados si alguien no se hace cargo de ellos, pues él saldrá a ganarse el pan en su taxi y ya no podrá darles una buena calidad de vida.

"Sería bueno que alguien se interese. Un señor me prestó su ayuda para buscarles hogar y puso un correo (quiltros@gmail.com). Ojalá sirva, porque los organismos protectores generalmente optan por sacrificarlos, nomás", disparó.

Pese al triste adiós, el titán prometió que se preocupará de echarles una luqueada: "Es difícil desprenderme de un animal. Los quiero más que a mi señora".


 

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