Por las céntricas calles de Rancagua, en una citrola del '61, se trasladan el humilde jardinero Luis González Vásquez, de 48 años, y su perro "Tommy", un quiltrito que gusta de echarse sobre el capó del viejo vehículo, donde además hace cualquier cantidad de piruetas.
"Es un perro muy especial. Con decirle que en la mañana, como las 6 y media, se tira sobre mi cama y me empieza a mover con sus patas como queriendo decirme 'levántate, cabeza dura', para que nos vayamos a trabajar", relata el hombrón, que se gana los garbanzos cortando el pasto y podando plantitas.
"También se traslada conmigo en una moto. Además es terrible de califa. Le cuento 19 hijos entre Santiago y Talca, desparramados por todos lados. Es mi compañero, tiene 4 años y no lo vendo por nada del mundo", remachó orgulloso.