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| 21 de Octubre de 2005 | |||
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"El Padre Hurtado era muy buenmozo y risueño..."
Pero su gran momento lo vivió cuando esta nona de 68 años tenía poquito más de 15. Conoció al mismísimo, ahora famoso, curita y su sola presencia la dejó marcada para toda la vida. "Cuando lo vi supe que era santo, vi esa luz de su rostro. Ahora será declarado santo por la Iglesia, pero la verdad es que él lo fue desde que estaba en la guatita de su mamá", dice emocionada, mirando al cielo. El encuentro con el sacerdote tuvo lugar en la casa de sus padrinos, en Providencia, donde siempre iban curitas amigos de la familia. "Un día llegó este padre y todos lo saludaron -recuerda la mujer-, me miró y me saludó. Yo le dije '¿y quien es usted ?' y el me respondió 'soy Alberto Hurtado' y se largó a reír. Me dijo cuídate mucho y se fue". Después lo vio un par de veces más. Cuenta que lo que más le llamó la atención fue que "él era muy buenmozo y risueño. Reía mucho. También recuerdo que su presencia me daba confianza". Después de aquello, ella se dedicó al cuidado de los demás y acercarse a Dios. La invitación la emocionó hasta las lágrimas "porque nunca me lo esperé a esta altura de mi vida".
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